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Argentina

Un milagro coral                                                                     Mundoclasico.com


Salta, 25.06.2008. Iglesia de San Alfonso. Coro de Niños y Jóvenes ‘Ars Nova’ (directora Ana Beatriz Fernández de Briones) y Estudio Coral de Buenos Aires (director Carlos López Puccio). Repertorio del primero: Obras de G. Podolsky, Dwight Okamura y Otmar Macha. Repertorio del segundo: Claude Debussy, Arnold Schönberg, György Ligeti, Aaron Coopland, Alberto Ginastera, Krzysztof Penderecki, Johann Sebastián Bach. Organizador: Coro de Niños y Jóvenes 'Ars Nova'. Festejo de los primeros veinte años del Coro 'Ars Nova'

Por José Mario Carrer

Dream a Dream es un coral escrito por Ed Robertson cuya letra clama por la paz. Lo cantó el Coro de Niños y Jóvenes Ars Nova en alguna otra oportunidad. Su melodía y su letra son de enorme emotividad y cuando lo escuché por primera vez en un teatro, fue con los integrantes del Ars Nova, desparramados por toda la sala, tomando la mano de integrantes del público -en esa oportunidad fuí uno de ellos- que colmaba el recinto. La página despierta emociones profundas y hasta el más duro corazón no deja de conmoverse.

En la noche del miércoles 25, otra vez el Ars Nova cantó Dream a Dream aunque esta vez sus cantantes tomaron las manos de los integrantes del Estudio Coral de Buenos Aires que dirige el inefable Carlos López Puccio, que está compuesto por directores de otros coros y cantantes profesionales con lo que resulta, sin desmedro para nadie, no solo el mejor coro argentino de cámara sino que con seguridad está entre los mejores del mundo.

Ese tomar de la mano, ese mirar a los ojos de los visitantes, esa sonrisa emocionada del receptor del canto, hizo aparecer lágrimas en muchos ojos de los artistas y en muchos ojos del público que colmaba la Iglesia de San Alfonso. Es que el Ars Nova, el coro fundado y dirigido hasta nuestros días por la notable Ana Beatriz Fernández de Briones, festejaba sus primeros veinte años de vida y estaba agradeciendo de esa forma la presencia de nada menos que el Estudio Coral de Buenos Aires que vino de la capital argentina solo para acompañar con su fantástica calidad, ese cumpleaños número veinte.

Fue un concierto inolvidable. Por un lado, un coro vocacional de niños y jóvenes que canta todo de memoria, premiado por cuanto lugar anduvo en el mundo. Por otro lado la mejor agrupación coral argentina, merecedora también de incontables premios en el país y en el exterior. Qué fácil es entonces escribir una crítica de ambos grupos y sus respectivas actuaciones. Qué difícil es tratar de transmitir con palabras las intensas emociones vividas. Hay hechos en la vida de los seres humanos que no son posibles describir sin correr el riesgo de quedarse corto con el adjetivo, con la frase, con el párrafo, con todo el texto.
La iglesia estaba totalmente cubierta por el público, entre los que se encontraban directores y coreutas de otras agrupaciones de Salta y de otras provincias. A ellos se agregó un público de todas las edades, más sacerdotes de la congregación. Todos fueron a acompañar el festejo de los veinte años y el placer de escuchar al Ars Nova, pero también fueron para oír, muchos de ellos por primera vez, al famoso Estudio Coral de Buenos Aires y a ver en acción ese fenomenal músico que es Lopez Puccio. El frío quedó de lado, la dureza de las bancas también, las dos horas de duración, salvo excepciones, no generaron queja alguna. Estoy seguro que de haber sido una hora mas, nadie se hubiera percatado.

Primero fueron Betty Briones y sus chicos. Fueron treinta minutos de canto coral de elevada jerarquía. A Cheruviko, un himno a la Virgen del ruso Podolsky, le siguió Sakura, Sakura, un coral basado en hechos mitológicos japoneses de Okamura que habla de la unión del espíritu con la naturaleza a través de la significación del árbol de cerezo para los nipones; luego un emotivo saludo checo con Hoj, hura Hoj de Matcha. Allí debía haber terminado esa apertura pero la ovación trajo la Canción del Arbol del Olvido del argentino Ginastera.

Serenados los ánimos, por primera vez en sus casi veintiocho años de existencia, aparecía en Salta el reconocido Estudio Coral de Buenos Aires con su director. Como si supieran lo que vendría, el público aplaudió largamente antes de la primera nota. Y tenían razón. Nunca escuché en mi ciudad un coro de esta magnitud, de esta enorme estatura artística.

Salvo el mas bello de los seis motetes escritos por el genial barroco alemán Johann Sebastián Bach, Singet dem Herrn sobre los Salmos 149 y 150 (BWV 225) a doble coro, con una polifonía que por momentos parecía hecha de fuegos de artificio por su espectacularidad, por sus impresionantes combinaciones armónicas, por sus figuras arquitectónicas de construcción sonora, el resto del repertorio, explicado desde un punto de vista técnico pero con una gran dosis de humor por parte de López Puccio, fue contemporáneo, con páginas que según el director -y así no mas debe haber sido- cuando fueron escritas casi no había agrupación coral capaz de cantarlas por sus altas exigencias conformando esta circunstancia dos aspectos que merecen ser mencionados. Por un lado, el asombro, el deslumbramiento que el Estudio Coral de Buenos Aires produjeron en el público, mucho del cual está preparado para apreciar la condición de único acerca de lo que estaba viviendo y por otro lado, el poder escuchar páginas corales de gran belleza que si bien, como dije, antes no había intérpretes para ellos, hoy si los hay -no muchos, es cierto- pero uno de lo cuales estaba en Salta con su inmensa sabiduría.

De inicio fue Debussy, una de las relevantes figuras del impresionismo musical, que compuso a sus 46 años, Trois Chansons de Charles d’Orleans (padre de la poesía lírica francesa durante el siglo XV), su única obra a capella, como tributo a los polifonistas que el autor admiraba, como Di Lasso o Jannequin. Son de un lenguaje armónico original, transparente en sus esfumaturas, con hermosas secciones melódicas, con acordes de alto vuelo, con un impecable

solo de Verónica Cánaves, soprano de amplio espesor vocal que resolvió con maestría las tensiones de su parte.

Luego llegó Friede Auf Erden (Paz en la Tierra), compuesta por Schönberg en sus últimas incursiones sobre la tonalidad, o sea antes de ingresar en esa revolución sonora que fue el dodecafonismo. Se estrenó con acompañamiento instrumental para dar firmeza a la afinación aunque muchos años después pudo estrenarse a capella, como había sido originalmente escrita, y tiene como destinatario al hombre como responsable de la convivencia en paz.

A continuación una de las figuras cumbres de la creación musical de la segunda mitad del siglo XX, el húngaro György Ligeti con su coral Abendphantasie, compuesto a 16 voces (si, …a 16 voces) en el que el compositor usa microtonos creando una singular muestra cromática que impone su belleza ante la complejidad de su estructura armada mediante células breves y repetidas. Probablemente me deben sobrar los dedos de la mano para contar los coros capaces de hacer esta obra sin caer en el desconcierto.

Después uno de los tres grandes compositores norteamericanos del siglo XX: Aaron Copland con In the begining, un inmenso motete que relata con tranquila hermosura, los días de la Creación. Ese relato esta a cargo de la estupenda mezzosoprano Rosana Bravo a la que se agrega el coro a capella. Poco mas de una docena de minutos que van desde la frase íntima y recogida hasta las vigorosas síncopas finales.

Parecía que ya no habría más motivos de inesperada sorpresa cuando llegaron las Lamentaciones de Jeremías Profeta de Ginastera, que escribe esta única obra para coro sin acompañamiento instrumental. Son las lamentaciones que surgen luego de la caída de Jerusalén y contienen descripciones dramáticas de lo sucedido a través de cinco poemas de los cuales el autor compone tres corales, el primero de un vigor inusitado y los dos siguientes como verdaderos lamentos cargados de pena y dolor.

Ya dije que el Estudio Coral terminó con Bach. Pero antes llegó un Veni Creator del polaco Krzysztof Penderecki. Se trata de un himno al Espíritu Santo. El autor usa casi recitativos montados polifónicamente sobre melodías relacionadas con lo expresado por su texto. Son acordes basados en semitonos cromáticos conocidos como clusters que suenan disonantes aun cuando en el resultado final originen agrados auditivos. También hubo un bis: Nunc dimitis del inglés Gustav Holst.

Es verdad, el Ars Nova festejaba sus primeros veinte años. A este destacadísimo grupo de niños y jóvenes me referí largamente en anteriores comentarios. Entonces me pareció oportuno puntualizar en detalle la presencia del Estudio Coral por primera vez en nuestra ciudad. Su profesionalismo, sus trabajadas voces, sus sutiles expresiones, su homogeneidad, sus ataques, su imbatible afinación, la entrega de sus integrantes, la calidad de su conductor, en resumen, su deslumbrante técnica coral, ameritaban para dedicar estas líneas que intentan señalar que posiblemente, entre los festejos de su cumpleaños, el Ars Nova vivió uno de los momentos fundamentales de esos festejos.

Este texto fue publicado el 11.07.2008

Sábado 28.06.2008

Coro de niños y jóvenes de Salta
Emotivo festejo por los 20 años del Ars Nova


El Estudio Coral de Bs. As. viajó para la celebración



Integrantes de los dos coros saludan y se saludan emocionados, al cierre de la noche

SALTA.- Estas chicas y chicos cantores no olvidarán jamás en su vida las intensas y profundas emociones vividas en la iglesia San Alfonso de esta ciudad, la noche de miércoles. Las llevarán prendidas por siempre en sus oídos, sus retinas, su piel y su corazón. Pero también las guardamos como un tesoro quienes fuimos testigos privilegiados de esta celebración de los veinte años del Coro de Niños y Jóvenes Ars Nova, fundado y dirigido por Beatriz Fernández de Briones, en compañía del más formidable instrumento vocal argentino: el Estudio Coral de Carlos López Puccio.

Al escucharlos, lejos de la vorágine del país, nos pareció atisbar destellos del paraíso.

Es que hay momentos inenarrables, inefables, en los que las palabras parecen abismarse frente a los portentos de belleza de la naturaleza o los que pergeña el espíritu humano.

Como estos en los que un coro amateur de niños y jóvenes que cantan absolutamente todo de memoria confluyen en un punto con la impronta de una agrupación coral de eminentes cantantes profesionales que leen partituras todo el tiempo. Ese punto, que es el luminoso de la más alta inventiva en la música contemporánea; que irradia sus ráfagas musicales a través de las voces, es el de la excelencia.

Es la estética proteica de los compositores del siglo XX la que une al Ars Nova y al Estudio Coral. De modo tal que las experimentaciones, las audacias, los desafíos, las búsquedas intensas y los hallazgos deslumbrantes de la música coral, que van de lo politonal a lo atonal constituyen el meollo de ambos repertorios, aunque difieran las paternidades de los compositores escogidos. Diríase, incluso, que por esta honda empatía espiritual y artística, el Ars Nova no sólo se constituye en émulo del Estudio Coral, sino que resultaría, con osadía, algo así como el "pequeño gran Estudio Coral"

Lo ratifican las chicas y chicos del Ars Nova en su salutación al Estudio Coral, con tres obras: la de un compositor ruso ( Cheruviko , de la liturgia ortodoxa rusa, plena de unción); un tradicional japonés ( Sakura, Sakura , de entrañables climas inspirados en la flor del cerezo) y de un músico checo ( Hoj, hura Hoj , un intenso canto bucólico), en admirables versiones en las que sus voces sobrevuelan holgadamente sobre un mar de complejidades, tanto por los alucinantes planos sonoros, como por sus densas armonías.

Betty de Briones ha explicado antes el sentido de cada una y, sin habérselo propuesto, accede a un bis ( Canción al árbol del olvido ) para dar paso a su invitado de honor.

La fría noche salteña, en un día en que al fin asomó el sol, sabe del regalo que le depara.

La expectativa creada por la presencia, por primera vez en Salta, del prestigioso Estudio Coral, fundado hace 27 años por Carlos López Puccio, se hace patente en una iglesia colmada: un entusiasta auditorio en el que se cuentan coreutas venidos de Tucumán, Jujuy, Santiago del Estero, Catamarca y otros de coros locales. Otra vez, López Puccio nos instalará en un mundo musical de maravilla, tras sus medulosos y humorísticos comentarios sobre compositores y obras. El único Debussy coral de Trios Chansons de Charles d Orléans ; el Friede auf Erden , de Schoenberg; la Abendphantasie , de Ligeti; el In the Beginning, de Copland; las Lamentaciones de Jeremías profeta , de Ginastera; el Veni Creator , de Penderecki, y el motete Singet dem herrn , de Bach, deslumbran y conmueven. Unos sentados, otros de pie, en semicírculo, los coreutas desgranan sutilezas, acometen complejos contrapuntos, cultivan la más deslumbrante polifonía.

Hay un solo bis, y es el Nunc dimitis , de Holst, de conmovedora unción religiosa. Pero luego el momento estremecedor: los niños del Ars Nova están cantando al unísono el emotivo himno Dream-Dream , de Ed Robertson, que clama por la paz, mientras toman la mano y miran a los ojos de cada coreuta del Estudio Coral. Las lágrimas surcan los rostros. La música coral contemporánea ha triunfado y perdurará por amor al canto.

René Vargas Vera
Espectáculos | NotaNoticias de Espectáculos


Momentos mágicos del Ars Nova


El coro festejó sus 20 años con un concierto milagroso en el Teatro Provincial
Miércoles 12 de diciembre de 2007 | Publicado en la Edición impresa


SALTA.- Un nuevo y luminoso hito coral ha colocado en su brillante trayectoria el Coro de Niños y Jóvenes Ars Nova el miércoles último, al iniciar sus festejos veinteañeros. Y sus poderosos haces de luz se han irradiado hacia los cuatro rumbos. Chicas y chicos de esta ciudad nos sorprendieron y emocionaron al pergeñar momentos de maravilla; verdaderos portentos corales gestados desde el espíritu de una maga: Ana Beatriz Fernández de Briones (para todo el mundo, Betty Briones).
Los milagros de estos diecinueve niños y jóvenes cantores se producían en el flamante Teatro Provincial, el remozado cine-teatro Victoria puesto a nuevo durante la gestión cultural de Eleonora de Ferrer e inaugurado el 15 de noviembre con el concierto de la Orquesta Sinfónica de Salta; por donde, en días sucesivos, desfilaron Dino Saluzzi, el Ballet provincial, Eduardo Falú y Lito Vitale junto a la sinfónica del lugar y Les Luthiers; donde se inauguró su Salón Dorado, con música de cámara de Brahms y Schumann, y donde tocó el pianista Bruno Gelber con esta sinfónica. Incluso habrá que perdonar, a la gestión cultural, el lapsus de no haber incluido al Ars Nova en el dossier entregado a la prensa.

Bajo una gran campana acústica, tan blanca como la de la despojada arquitectura del teatro, los niños -sólo dos varones- empezaron a tejer sus sortilegios de la mano de su fundadora y directora, Betty Briones. Diecinueve voces de chicos (uno de 7 años, dos de 8, dos de 9, tres de 11, hasta alcanzar los 17, más una sola de 21, Renza Malvasi, que se despidió entre lágrimas) se entregan al canto con pasión y alegría.

Voces increíbles

No nos ofrecerán un "cancionero infantil". No, no. Ellos treparán alturas inconmensurables de la música contemporánea; la más densa en significados y la más compleja en su trama. Y ¡de memoria! acometerán desafíos increíbles para sus voces, sin forzar la tesitura de ninguna de sus cuatro cuerdas vocales de sopranos, mezzo o contraltos. Los compositores, ya canadienses, húngaros o rusos; ya estonios, finlandeses, checos o suecos, y, entre ellos, el argentino Alonso Crespo y hasta nuestro diáfano y entrañable Carlos Guastavino, los plantean.

Briones se encarga de transformar este encuentro en un delicioso concierto didáctico. Habla de su relación con algunos de estos compositores, pero sobre todo desentraña los significados de cada obra. Por esto, son las esencias artísticas y estéticas del canto, los contenidos profundos de la música plasmada por los creadores que escoge la guía del Ars Nova lo que en definitiva sorprende y conmueve. Porque sus lenguajes trascienden la mera disonancia experimental y hueca, y toda rítmica; porque ellos han buceado en una temática que los une: lo atávico, los ancestros, lo telúrico, el hombre universal de "los trabajos y los días", para transfigurarla a través del lenguaje de los signos contemporáneos, de la más pura y elocuente vanguardia. A tal meollo poético-musical suma el Ars Nova la atracción de su "puesta en escena". El coro elude todo convencionalismo para enriquecer cada instante con desplazamientos de estos coreutas salteños -algunos debutantes- y mediante coreografías de armonía plástica. A veces el teatro queda en sombras mientras cantan con velas encendidas o con linternas para ilustrar o acentuar cada significado. Son momentos mágicos en los que la eufonía de sus gargantas, las complejidades armónicas, las exquisiteces del fraseo, los refinamientos a lo largo de mil matices, la unción expresiva de su entrega total al canto, atrapan y nos dejan anonadados.

Es entonces cuando uno llega a entrever el minucioso trabajo preparatorio de Briones -la técnica vocal sublimada y finalmente sublime- para que sus coreutas se compenetren de la sustancia y la forma de cada obra, para expresarlas con la mayor intensidad y fidelidad. El Ars Nova es de Salta. El Ars Nova es universal. Su maravillosa siembra asegura nuevos portentos en el arte coral.

René Vargas Vera
Miércoles 12 de diciembre de 2007 | Publicado en la Edición impresa
Noticias de Espectáculos

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De la mano de Betty Briones, los diecinueve coreutas se entregan al canto con pasión

¿Que veinte años no son nada? ¡¡¡Son muchísimos!!!
Salta, 05.12.2007. Teatro Provincial de Salta. Coro de Niños y Jóvenes Ars Nova. Directora Mª Ana Beatriz Fernández de Briones. Obras de Adams, Kodaly, Slavkin, Tormis, Kuliyim, Kortekangas, Guastavino, Falú y otros.

José Mario Carrer
El nuevo teatro provincial de Salta se inauguró hace menos de un mes. Ya escuché la orquesta sinfónica, en el escenario y en el foso cuando acompañó el debut del ballet profesional. Escuché un grupo camerístico como el de Dino Saluzzi. En esta oportunidad tenia la expectativa de observar cómo se comportaba la acústica que hasta aquí había sido muy buena, escuchando un coro. Es verdad que no era el coro grande. Es verdad que no era un coro mixto. Se trataba de un coro de voces iguales, de corto número de integrantes, con lo cual la prueba era más exigente aún. Pero claro, tampoco era cualquier coro. Era nada menos que el coro de niños y jóvenes más importante del país. Era el Ars Nova conducido por su legendaria directora. Por esa dama que mezcla sin pudor el talento con la exigencia disciplinaria. Que se muestra ante una enorme cantidad de público con su habitual seguridad, con su ya reconocido placer del artista que piensa, tal vez con la timidez de la vergüenza pero con el aplomo del que sabe, “y bien…aquí estamos otra vez…para entregarles no solo lo mejor que podemos…sino también una muestra de elevada jerarquía musical”. El teatro respondió otra vez. Su acústica permitió el lucimiento de casi veinte individualidades que a despecho de sus diferentes edades, constituyen un lujo para Salta.

El origen del Universo está muy bien descrito por la compositora canadiense Lydia Adams en el coral Mcima’q. Un Ave María del húngaro Kodaly con sus difíciles intervalos. La exquisitez de la música coral del argentino Guastavino que uno no puede olvidar luego de ese hermoso acorde final. La belleza melódica de Snieg (Nieve) del ruso Slavkin. El vigoroso fraseo del canto pastoral en Hoj, Hura Hoj del checo Macha y otras página corales que ya fueran comentadas antes pero que en conjunto conforman un programa inexistente en la casi totalidad de los coros argentinos, han sido las páginas para este concierto del Ars Nova con el cual celebran sus primeros veinte años de vida. Por supuesto, soy conciente que no hay muchos coros en nuestro país con tan dilatada trayectoria. Siempre respetando la más elevada técnica del canto coral. Siempre luciendo el grupo, a través de sus integrantes, casi todos solistas con el detalle de calidad que ello implica.

Como sucede siempre, en este concierto de fin de año se despiden los cantantes que se van. Algunos a estudiar afuera, otros por su ingreso y natural exigencia universitaria, otros por diferentes motivos, pero todos con la sensación de haber vivido una circunstancia única en sus vidas. Y es cierto. Tendrán momentos mejores o peores, pero los vividos dentro del Ars Nova los llevan adentro. Esta vez fueron Renza Malvasi y Paula Alderete que en el abrazo con la directora y el presidente de la institución, mostraron su alto grado de emotividad.

Escribí tantas veces sobre este coro, que corro el riesgo de la repetición. Pero es imposible no mencionar nuevamente su deslumbrante afinación, su seguridad expresada en la falta de partituras. Su sonido etéreo o macizo según lo que pide la obra coral. Su dinámica, siempre adecuada, siempre atinada. Las conmovedoras presentaciones de cada tema por parte de la Sra Briones. En fin…qué más decir de una agrupación que satisface hasta la plenitud a quienes la integran y a quienes la oyen. Será hasta el año próximo.


Este texto fue publicado el 13.12.2007
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Viernes 8 de Diciembre de 2006


Coro de Niños y Jóvenes Ars Nova de Salta
Voces salteñas que llegan lejos





La directora Betty de Briones, en el cierre de otra gran temporada del coro de niños que dirige
Cerró otro auspicioso año el ensamble que dirige Beatriz Fernández de Briones
(SALTA).- En un templo colmado de oyentes, una vez más el Coro de Niños y Jóvenes Ars Nova de Salta, con la guía de su fundadora y directora, Betty de Briones, ha despedido su temporada de conciertos anuales. Es el encuentro de diecinueve de las infantiles y juveniles voces con el público salteño, para sorprender y emocionar. Desde 1990, directora y coreutas han elegido la iglesia de San Alfonso, por su mejor acústica, como el lugar apropiado para clausurar el ciclo de cada año.

La bella Salta, cuna de poetas y músicos fuera de serie, la "Salta que hace falta" debía ostentar un correlato artístico a través del canto coral, de esa pléyade de inspirados creadores, como son o fueron los compositores Eduardo Falú y Cuchi Leguizamón, y los poetas Manuel J. Castilla y Jaime Dávalos. Y ocurrió años después de aquellos mágicos alumbramientos, cuando Beatriz Fernández de Briones, tras conocerse con su esposo Rodolfo en el Coro de la Universidad Católica, decidieron fundar en 1978 un octeto que denominaron Ensamble Coral Ars Nova. Y aquella primera idea que insufló la gesta coral -fomentar el amor por la música coral con alegría, con entrega, pero con verdadera disciplina, para alcanzar la jerarquía, la excelencia musical- fue la que plasmó Betty, diez años después (1988), al crear el Coro de Niños y Jóvenes Ars Nova.

Al escucharlos nuevamente, en esta su ciudad, uno repasa mentalmente una historia fascinante dentro de la actividad coral argentina; la de un coro que en 18 años cumplidos ha concretado trece giras internacionales en la que han recogido aplausos, premios y un sólido prestigio que se acrecienta día tras día.

Nuevamente, el programa de la noche de despedida es variado y exigente para esas voces de niños y jóvenes que no leen música, pero cuya intuición natural ha sabido estimular de modo mágico, la amorosa guía maternal y el genio musical de Betty Briones, para alcanzar resultados artísticos que, en definitiva, resultan alucinantes. Obras de compositores rusos, japoneses, estonios, canadienses, húngaros, finlandeses, a los que se incorpora María Elena Walsh, Chacho Echenique, Gustavo Leguizamón y Eduardo Falú.

La directora comenta que la idea es ofrecer en sus conciertos un argumento, un hilo conductor. En este caso, pinturas, paisajes, personajes, que nos llegan desde los cuatro rincones del planeta. Son vivencias muy profundas de cada compositor, traducidas en música contemporánea que no recurre a caprichosos procedimientos académicos de presuntas vanguardias, sino a la más honda sustancia poética para expresar sentimientos auténticos. En tal sentido, este concierto de despedida es un concierto didáctico en el buen sentido de la palabra (es decir, sin el "prestigio del tedio"). Es una clase magistral en la que se explaya para traducir, de modo sencillo, el sentido, el estilo de cada partitura.

Sin fronteras

El himno ortodoxo ruso de alabanza a María; la canción popular, la de amor y la de la mitología japonesa sobre el árbol del cerezo; el sobrecogedor cuadro de la creación del universo en el Mic ma q de Lydia Adams, en el que las chicas del coro se desplazan hacia las naves de un templo a oscuras y hacen maravillas con sus voces; las dos obras de Kodaly; la del finlandés Rautavaara, inspirada en trágicos versos de García Lorca; las bellas imágenes y melodía de María Elena Walsh en La ciudad de Brujas , y hacia el final el folklore salteño en diversas versiones.

Una visión caleidoscópica que atrapa por sus contenidos y por el sinfín de desafíos que plantea para cualquier ensamble de voces. Betty de Briones ha pulido minuciosamente esas gargantas casi vírgenes; las condujo de la mano hacia indagaciones interiores; ha extraído de ellas mil timbres, cientos de sutilezas y matices, convertidos en exquisiteces, en refinamiento, pero también en pujanza, en dramatismo, en fantásticos suspensos.

Como reconoce con ejemplar modestia, todo empezó cuando descubrió dentro de sí tanto las limitaciones como esa suprema intuición que no da el mero estudio académico, para elegir un repertorio. Intuición incentivada, muchos años antes, en el contacto con el Cuchi Leguizamón, cuando las convoca a ella y a Silvana Irigoyen para fundar un cuarteto junto a la guitarra de su esposo Rodolfo y al piano del compositor. Y luego, su aprendizaje de la técnica vocal y la herencia recibida del ejemplar maestro Edgardo Aradas.

Pero otro hito surge en ese camino de consolidación estética. El triunfo inapelable del primer premio en la categoría Coro de Niños en la competencia internacional de Holanda en 1995, al que siguen infinidad de invitaciones y galardones en distintos festivales internacionales. Y tras estos formidables espaldarazos, el reconocimiento y la amistad con prestigiosos compositores escandinavos, de Europa oriental, de Canadá o Inglaterra, por estas prodigiosas conjunciones entre la música contemporánea y la emoción.

René Vargas Vera
Link corto: http://www.lanacion.com.ar/865628


2006 - OTRO BRILLANTE CIERRE DE TEMPORADA DEL CORO DE NIÑOS Y JOVENES ARS NOVA

José Mario Carrer – para “Mundo Clásico”

Coro de Niños y Jovenes "Ars Nova". Directora Prof. Ana Beatriz Fernandez de Briones. Obras de Cesnokov, Tomoyo, Terashima, Tormis, Adams, Kodaly, Rautavaara, Vargas Vera, Echenique, Leguizamón, Sallinen, Dávalos, Falú, Ginastera y Palormo. Iglesia de San Alfonso. Miércoles 6 de diciembre de 2006.

Como sucede anualmente desde 1988, el Coro de Niños y Jóvenes "Ars Nova", decididamente la mejor agrupación vocal de este género en el país, ha brindado por décimo novena vez consecutiva su concierto de cierre de temporada.

Diecinueve conciertos no es un dato menor. Revela continuidad, trabajo, una verdadera vocación por el canto coral de la más elevada factura. Es verdad que por el grupo han pasado cientos de niños y jóvenes pero también es cierto que hay un mérito innegable en su directora-fundadora, la profesora Ana Beatriz Fernández de Briones quien a pesar de la inevitable movilidad social de sus integrantes, ha sabido mantener la altísima calidad reconocida en nuestra ciudad, en nuestro país y en el exterior.

En la oportunidad y como ocurre siempre se eligió un repertorio representativo de los mas sustancioso de lo realizado durante el año. Así un templo colmado de público pudo apreciar un canto a la Virgen de la liturgia rusa "Dostoyno Yest", tres canciones japonesas que hablan de la hospitalidad de ese pueblo, del significado de sus flores blancas y rojas, de aspectos de su mitología milenaria y oriental; la conocida "Laulusild" el bello tema del estoniano Veljo Tormis con ese crescendo cada vez mas importante y permanente, los sonidos espaciales de la canadiense Lydia Adams con las que intenta describir la creación del mundo, dos disímiles pero valiosas páginas del húngaro Zoltan Kodaly, todo el drama poético de Garcia Lorca que el finlandés Rautavaara construye para referirse a la llegada de la muerte, la original versión coral de una canción de Maria Elena Walsh hecha por el compositor y crítico Rene Vargas Vera, presente en la iglesia y receptor de un vigoroso aplauso, para finalizar con páginas argentinas de Echenique, Leguizamón, Dávalos, Falú y Ginastera que recibieron ovaciones del público.

En materia musical, una de las cosas mas dificiles es interpretar música nacionalista por las particularidades que ofrece cada página de ese estilo. Pero el Ars Nova se luce haciéndolas. No solo por que las han trabajado muy bien sino porque sus permanentes viajes al exterior participando de festivales y actuaciones varias, han brindado la posibilidad de conocer "in situ" la idiosincrasia de la música y de la gente de esos pueblos visitados por el grupo coral.

Todos los años el Coro despide al o a los cantantes que por un motivo u otro dejan el grupo. Este año fue una sola coreuta, Valentina Giacosa que recibió la tradicional medalla recordatoria de su paso por el coro. A cambio entregó un irreprochable solo en "Balladi" del ciclo "Cuatro Canciones de Mar" del finés Sallinen, dicho con hermoso timbre y alta emotividad.

La Profesora Briones como siempre detallista, cuidadosa, confiada en las posibilidades innegables de sus coreutas, precisa, firme, dulce, con su clara gestualidad, todo ello conducente a obtener la mas elevada escuela coral, finales de frase casi de otro mundo, impecable afinación, acentos, llamativa seguridad, sobre todo en algunos integrantes de escasa edad, un fraseo claro como clara fue la dicción de los cantos. En suma, una nueva demostración capaz de emocionar al oyente casi hasta las lágrimas como las que tuve oportunidad de observar en algunos de ellos.
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Crítica publicada por el Diario La Nación de Buenos Aires el 19 de Noviembre de 2005 - Juan Carlos Montero

Sugestión con el Coro Ars Nova - Nuestra opinión: excelente * * * * *

Coro de Niños y Jóvenes Ars Nova, de la provincia de Salta. Directora: Beatriz Fernández de Briones. Programa con obras de Adams, Bortiansky, Podolsky, Tormis, Guastavino, Vargas Vera, Ginastera, Falú, de la Vega, Mëllnas, Alonso Crespo, Okamura y Kortekangas. Basílica Nuestra Señora de la Merced.

Inesperadamente, sin la promoción adecuada y de un modo casi casual, se vive una tarde inolvidable de música y de emociones contrastantes. La belleza y el silencio de la basílica Nuestra Señora de la Merced predisponen a una calma bienhechora. El tiempo parece detenerse y la gente va llegando muy de a poco y con esa actitud de recogimiento que imponen los templos.

Se observan detalles llamativos, tales como ponchos salteños (cuyo colorido es su símbolo) y sombreros negros tan típicos del gaucho norteño, ubicados en las balaustradas al pie del altar que prenuncian la llegada de los jóvenes coreutas del Ars Nova y de su distinguida alma máter, la directora Beatriz Fernández de Briones.

También está el músico Carlos López Puccio, acaso uno de los grandes directores de coro del país y multifacético artista que junto a un técnico parece estar atento a grabar un hecho trascendente que debe conservarse para enriquecer la historia cultural del país. Ahora vemos llegar lentamente a los integrantes del coro. Vienen del costado del altar y avanzan en disciplinada fila. Portan una antorcha de luz y la imagen es delicada como los ángeles dibujados por Piero della Francesca.

La voz de la directora anuncia las obras, y ya con la primera, denominada "Micma´q", en armonización de la canadiense Lydia Adams, se recibe una sensación de infinito placer auditivo y el sonido produce la atmósfera de lo indígena, lo primitivo, la creación del mundo. Es admirable la afinación, la amalgama de las voces juveniles y la calidad del sonido. Luego es un credo en español del compositor ruso Bortnyansky, que nos da a conocer una página de ricas ideas musicales. Y siguen autores del pasado y contemporáneos de Japón, Finlandia, Estonia y muchos otros.

Pocas veces, al continuar el Ars Nova su concierto, se escucha tanta unidad espiritual. Es que todas las composiciones, complejas y hermosas, requieren de una perfección de matices e intensidades. El placer va en aumento y obras de diferentes orígenes se transmiten con una comprensión total de la idiosincrasia de los pueblos que aportaron al compositor sus raíces populares, sus melodías tristes o alegres y sus ritmos, algunos ancestrales e indígenas; otros, derivados de la evangelización.

Por eso, ahí se escucha la zamba de Gustavo"Cuchi" Leguizamón con verdadero placer y el estreno de "La ciudad de Brujas", con música y texto de María Elena Walsh y Versión Coral de René Vargas Vera, al que se ovaciona por su muy grata página coral, y a Eduardo Alonso Crespo que vive en Salta y que nos deja escuchar su admirable partitura "Ara Pana", que es recibida con marcado entusiasmo, y la "Vidala del nombrador", de Eduardo Falú y Jaime Dávalos, en una versión de gran riqueza y cargada de sutiles ideas musicales debidas a la propia responsable de Ana Beatriz Fernández de Briones, que tan segura de su grupo los dejó solos para cantar y para ofrecer una coreografía con las antorchas en la oscuridad, que nos dibuja la forma de ser del hombre de Salta, su nobleza, el culto a la amistad en torno del fogón, la sencillez y candor, el profundo amor a su tierra y esas agallas y arrojo que desconoce los peligros.

Entonces, ahora nos invade la tristeza, porque el Coro Ars Nova de Salta debería haber sido apreciado por multitudes. Pero ya no: somos testigos de una reacción tan intensa y exultante que todo se transforma en una fiesta.

Juan Carlos Montero
Link corto: http://www.lanacion.com.ar/757531

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Crítica publicada en "Mundo Clásico" el 9 de Diciembre de 2005
Argentina


El "Ars Nova" también despide la temporada

Salta, 30.11.2005. Iglesia de San Alfonso. Concierto del Coro de Niños y Jóvenes Ars Nova de Salta. Directora Prof. Ana Beatriz Fernández de Briones. Obras de Bortiansky, Podolsky, Adams, Kuligym, Tormis, Vargas Vera, Mëllnas, Guastavino y otros.

José Mario Carrer

Con la sencilla sonrisa de quien se siente que ha cumplido su labor, aún desde la exigencia que se le puede pedir a uno de los mejores coros de niños y jóvenes, si no el mejor, de Argentina, reconocido además en el campo internacional, directora y coreutas recibieron la merecida y prolongada ovación del público que colmó las instalaciones de la Iglesia de San Alfonso.

Es que el grupo cerraba con este magnífico concierto un año pleno de realizaciones, de sueños cumplidos, de proyectos terminados. Treinta y seis presentaciones -cantidad absolutamente infrecuente para un conjunto de esta categoría- en lugares tales como Salta y Buenos Aires (Argentina), Tarija (Bolivia) y Terranova (Canadá), recibir las loas de la crítica especializada como sucedió en los conciertos dados en la Basílica de Nuestra Señora de la Merced o en la Universidad de Buenos Aires, ser grabados en concierto emitido luego en el Festival Internacional Sharing Voices 500, compartir escenario con el Newfoundland Symphony Youth Choir , estrenar mundialmente la bella versión coral de La Ciudad de Brujas de Maria Elena Walsh escrita especialmente para la agrupación por el compositor René Vargas Vera que no pudo estar presente por la absurda huelga de aviones de la monopólica línea de bandera que tiene nuestro país, son algunos de los motivos de inmensa satisfacción que el coro merece.

Su directora, ganadora de un espacio importante en el ámbito de la música coral en el mundo por su capacidad y prestigio, también exhibe con legítimo orgullo sus personales actividades durante 2005. Fue jurado internacional en las Competencias Corales "Harmonie" en Limburg y en el Certámen de Coros de Cámara en Marktoberdorf, ambas en Alemania; dictó conferencias en el Simposio para Especialistas de la Voz en la Universidad de St. John de Canadá; talleres para directores, cantantes de Coros Mixtos de Cámara y público en general en la Academia Bávara de Música.
En este concierto, donde emotivamente se despedían Mariela Borigen, Pilar Rodríguez, Claudia Carrizo, Juan Sonderegger y Luz Niewolski, el Coro de Niños y Jóvenes Ars Nova volvía a exhibir su talento, su cohesión, su afinación inmaculada, su riquísimo manejo de infinitas intensidades sonoras, su irreprochable dicción en los corales de autores extranjeros como fueron los rusos, los estonianos, los canadienses, etc., la enorme gama de efectos que pedían las partituras, muchas de ellas escritas especialmente para el coro, unos finales de frase casi sobre naturales, la calidad del sonido y la notable conducción de la Prof. de Briones que, por otra parte, explicaba previamente con sabiduría el espíritu y los contenidos de cada canción, fueron los pilares de otra actuación de altísimo rango. No es fácil elegir cuales fueron los momentos donde la magia, la sensibilidad, el arte aparecieron con todo su esplendor. Tal vez el coral Micma'q de la canadiense Lydia Adams escrito como homenaje a la creación del universo, con sus impresionantes momentos a cinco voces o el espectacular coral Kadrilaulud del estoniano Veljo Tormis, hayan sido la cúlmine de un repertorio de gran valor.

El año próximo, anticipa también un lapso de relevantes actuaciones entre las que se destacan los conciertos que ofrecerán en Japón y por supuesto en nuestro país, para que los salteños experimentemos el orgullo de contar entre nosotros con este grupo que enaltece con nobleza la música coral universal.


09.12.2005

http://www.mundoclasico.com/critica/vercritica.aspx?id=a658f5ee-1c03-4297-90d4-b45d67b08ec1
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DICIEMBRE 2005


Artículo escrito por el compositor, periodista y crítico de música René Vargas Vera


EL DÚO SALTEÑO, EL CORO ARS NOVA Y SALTA


No es casual que Chacho Echenique y Patricio Jiménez hayan nacido en Salta. No es fortuito que el Coro de Niños y Jóvenes Ars Nova, dirigido por Betty Fernández de Briones haya germinado en Salta. Salta estaba predestinada –si se quiere, desde los tiempos de la Conquista- a constituirse en modelo nacional del más rico cancionero de nuestro folklore en el siglo XX. Y a gratificarnos con las voces de un coro de chicas y chicos, y su eminente directora, único en el país
Afirmarlo de modo tan concluyente, no implica restar méritos a Santiago del Estero, ni a sus patriarcas músicos e investigadores, como don Manuel Gómez Carrillo, que hacia los años 20 del pasado siglo, rescató, silenciosamente, unos 400 cantos incaico-calchaquíes en sus investigaciones para la Universidad Nacional de Tucumán; ni al recopilador, don Andrés Chazarreta, de otro cancionero que pudo extinguirse con el paso del tiempo, y cuyo epicentro era Santiago del Estero; ni al investigador catamarqueño don Juan Alfonso Carrizo, quien en los años 20, 30 y 40 publicó en sendos libros, las coplas anónimas de Catamarca, Salta, Jujuy y La Rioja; ni ese otro instrumento de la memoria colectiva que fue el mendocino don Alberto Rodríguez con su obra, el Cancionero Cuyano, publicada por primera vez en 1938, sin olvidar a Carlos Vega, Isabel Aretz, Leda Valladares, Augusto Cortazar y tantos otros buceadores de nuestros tesoros telúricos. Ni incluso el enorme legado de Atahualpa Yupanqui, desde aquella canción “Camino del indio”, dada a conocer en 1934, quien retrató en músicas y en poesía, las vivencias y paisajes del Noroeste y de la pampa. Fue Salta donde se hizo más palpable la transculturación española que nos llegaba desde el Perú. La tradición hispana del romancero, pese a la siempre denostada Conquista y Colonización (que por cierto arrasó a sangre y fuego a toda una raza y a la inmensa cultura aborigen) supo fructificar en la música folklórica. Aquellas tradiciones españolas asimiladas y enriquecidas aquí, nos dejaron un riquísimo patrimonio cultural –musical y poético en coplas y romances- que se ha mantenido vivo y que fue creciendo en potencia creadora y en belleza durante casi cinco centurias en toda nuestra América latina. La hermosa Salta pareció predestinada a ser el venero inagotable de donde habría de surgir
un asombroso manantial de canciones. Y así se justifica que el salteño pueda seguir pronunciando con orgullo el proverbio “Soy de Salta y hago falta”.
Como sostiene León Benarós, en Salta la poesía sale al encuentro del hombre, porque toda esa eclosión de canciones que se irradiaron hacia todo el país desde los años cincuenta, ya estaba latente antes de los años cuarenta en la inspiración de sus compositores y en la fértil inventiva de sus poetas que asomaban subrepticiamente entre las seis cuerdas de la guitarra milenaria que nos llegó de España, a la que, todavía, se miraba recelosamente como instrumento de la mera diversión de sectores marginado.
Una de ellas, la enjundiosa de don Eduardo Falú empezaba a sonar en 1945, primero en Salta, luego en Buenos Aires, y en seguida en capitales del Noroeste Argentino. Pero ya en 1942 Eduardo Falú y César Perdiguero habían estado gestando un nuevo cancionero telúrico. Gestación silenciosa que nos conduciría a los años 50, en los que ya estaba instalado en el inconsciente colectivo como un paradigma insustituible. Eran aquellos dedos magistrales y esa inconfundible voz de barítono-bajo que daban a conocer aquellas primeras composiciones junto a los versos de Perdiguero: “Tabacalera”, “India madre”, “Canción de luna y cosecha”. Y luego el otro, más alto aún en vuelo poético-musical junto a la pluma excelsa de Jaime Dávalos, el poeta de aquella primera “Zamba de la Candelaria” que recorrió el país entero. Eduardo Falú se prodigaba en mojones del folklore argentino, en creaciones paradigmáticas junto al Jaime de “El sueño de mi guitarra”, “La nostalgiosa”, “Las golondrinas”, “Resolana”, “Rosa de los vientos”, “Tonada del viejo amor”, “Trago de sombra”, “Vidala del nombrador”…Pero todavía había un peldaño más que trepar, y fue con el inefable Manuel J. Castilla, con quien enriqueció la ya alta poesía de Jaime. Nuevo cancionero emblemático, como el de “La atardecida”, “La volvedora”, “No te puedo olvidar”…
Sonidos y palabras andaban flotando en el aire de Salta en aquellos años 40. Las metáforas de Jaime, hijo del culto poeta Juan Carlos Dávalos, descendían al pueblo, enriqueciendo –a través de audacias que honraban la lengua española y que retrataban con gestos de redención humana a los personajes lugareños y al paisaje del Noroeste- un folklore con poesías que se habían instalado por esos mismos años en que todavía se cultivaban versos de mero pintoresquismo. Manuel J. Castilla prolongaba, alimentada por las propias vivencias de vate andariego, esa veta del retrato humano y de la naturaleza que ascendía hasta lo cósmico. José Ríos nos legaba, como poeta de las coplas de carnaval, su popularizada “La Felipe Varela”. Unos estudiantes debutaban en la Sociedad Rural en aquella primavera del 47. Serían las del futuro cuarteto vocal-instrumental de Los Chalchaleros que al año siguiente ya pisaban el primer escenario, el del Teatro Alberdi de Salta, con el eterno gordo Saravia a la cabeza, y sus compañeros Aldo Saravia, Víctor Zambrano y Franco Sosa. Ellos estaban anunciando días de gloria para el folklore, desde la zamba anónima, recopilada por el Cuchi Leguizamón, “Lloraré”, que cantaría todo el país, compitiendo con la “Zamba del grillo”. “El cocherito”, “La López Pereyra” (himno de los salteños) o la recopilada (por Chazarreta) “Zamba de Vargas”.
Estos cuatro Chalchaleros (zorzaleros) que fueron cambiando de integrantes (fueron diez, en total, en aquellos primeros años), supieron acoger, como uno de los hitos de su trayectoria, al creador de las famosas zambas “La nochera”, “Del Chalchalero” y “Alma de nogal” y otras: el cantor y guitarrista Ernesto Cabeza en 1953, para dotar de riqueza musical al cuarteto sobre todo en armonías para las guitarras. (Cabeza se despidió muy pronto de la vida: un 21 de septiembre de 1980, y dejó en el grupo un vacío difícil de llenar). Los “Chalcha”, como se los nombró en cada rincón provinciano, trajeron un estilo sencillo y sentido, cantando a dos voces y con guitarras bien ensambladas a sus gargantas.
Eran naturales –incluso elementales- pero auténticos en su forma de sentir las cosas de la tierra. Y con ello expresaban un folklore canónico, clásico, único en su estilo tanto en esas segundas que a veces parecían extraviadas y que otorgaban el sello inconfundible, mientras la voz del líder, Juan Carlos Saravia, dotaba de garra al canto agreste, y a través de consignas que fueron su marca en el orillo: “prímera”, “adeeentro”, “¡bueno!”, “ségunda”… eso sí: con total respeto por la cadencia de los ritmos (en especial el lento de la zamba), con emoción sincera, con matices, es decir: entre el “canto pelado” y las delicadezas en los fraseos, incluso dando rienda suelta, con gracias, a la alegría de los ritmos movidos.
Los años 60 fueron los del boom folklórico en toda la Argentina. En cada pueblito se escuchaba con fruición a nuestros solistas y grupos. En miles de hogares la guitarra se había convertido en un habitante necesario, imprescindible.
Pero aquella Salta luminosa de inventores geniales, nos tenía reservada una nueva sorpresa, que se cocinaba a fuego lento y que desataría un cambio remozador y vital en la manera de asumir y expresar el folklore nacido en nuestro Noroeste.
Avanzaban los 60 y Gustavo “Cuchi” Leguizamón, abogado, profesor de historia, legislador, pianista, compositor y poeta salteño, pergeñaba nuevas melodías y armonías en el piano de su casa. Apenas si se lo conocía de mentas por esa recopilación que hizo de la zamba tradicional “Lloraré”, que popularizaban Los Chalchaleros. Pero el Cuchi estaba medio escondido entre tanto éxito, un tanto ajeno a él, que estaba inmerso en la nueva estética que le había llegado a través de los compositores clásicos contemporáneos como Bartok, Stravinsky o Schoenberg. Músicos de la vanguardia mundial que le habían dictado melodías y armonías no convencionales en plenos años cuarenta. Más que al músico, en Salta se le conocía por sus cuentos, sus humoradas, sus gestos humanos, sus carcajadas mefistofélicas y su activa vida profesional de abogado y, sobre todo, de profesor en el colegio secundario. Sin embargo El Cuchi ya tenía registradas en el año 1955, en la insigne Editorial Lagos, temas medulares de la vanguardia, como Zamba de Anta (con letra de Perdiguero y Castilla), Zamba de los mineros y Panza Verde, con versos de Jaime Dávalos; Zamba del Pañuelo, con Castilla.
Leguizamón intuía, seguramente, que le estaba llegando la hora. Y le llegó, doce años después de escribir estas partituras para aquella prestigiosa Editorial que había fundado don Rómulo Lagos, cuando en una comida en casa del panadero Juan Riera escuchó no sin sorpresa a dos muchachos que, al cantar en dúo se habían lanzado con ganas de salirse de los moldes consagrados. Ellos eran el contratenor Chacho Echenique y el barítono Patricio Jiménez. El Cuchi se interesó por saber quién había armonizado sus temas. Y al enterarse que habían sido ellos mismos, le fue revelado que esas voces eran las que andaba buscando para dar a luz y colocar su sello indeleble en el folklore argentino. Así fue que los convocó a su casa y, piano o guitarra mediante, les fue dictando las notas de sus melodías y de las respectivas armonías innovadoras.
A Chacho Echenique no le resultaría tan difícil alzarse con ese melodismo insólito, lleno de curvas y saltos inéditos que había inventado la fantasía del genial músico. Pero el mayor desafío, el reto magistral, era para la garganta de Patricio Jiménez, porque en su segunda voz el Cuchi estaba volcando notas que partían de esas armonías que él emulaba de la vanguardia mundial clásica. Muchos creyeron que provenían del jazz, y hasta dijeron que Leguizamón hacía un folklore jazzístico, sin saber que, más allá del jazz, estaban esos compositores que citamos antes, y que habían revolucionado el arte musical en el siglo XX, el politonalismo de Stravinsky, pero sobre todo el atonalismo del austríaco Arnold Schoenberg, que sencillamente escapaba de los rigores académicos de la tonalidad. Cuando Leguizamón se sentaba al piano, se regodeaba con tales giros desconcertantes entretejidos en atrevidas armonías. Y con ellas venía a remozar el folklore clásico, el más diáfano y sencillo, que era el que se cultivaba y divulgaba.
A Cuchi lo acosaban esos desafíos, al tiempo que entretejía versos igualmente sorprendentes, como los de la Serenata del 900, las zambas del Carnaval, del Guitarrero, y Soltera, El Avenido y la contestataria Chacarera del Expediente.
A Patricio Jiménez le fueron confiados, entonces, esos intervalos inesperados, provocativos, insólitos por sus disonancias. Notas que escapaban de aquellas llamadas “terceras” o “sextas” que se habían practicado y cultivado hasta ese momento en el folklore, tanto en los dúos, como en los cuartetos de canto y guitarra, para lanzarse al ruedo con otros intervalos de segundas menores o séptimas, cuartas o quintas disminuidas…en fin: toda la gama imaginable de distancias entre las notas de la melodía que cantaba Chacho Echenique, cuya voz aterciopelada remontaba hacia las notas agudas con fraseos deliciosos y afinación impecable. Desde lo musical, los dos cantores rendían culto al refinamiento y a la exquisitez, pero sin pose elitista.
Para el oído común, habituado a las sencillas armonías, el Dúo Salteño fue una sorpresa total. Ellos escapaban, guiados por el Cuchi, de lo establecido, de lo consabido, de lo consagrado, de lo aceptado. Ellos, con el Cuchi, estaban dotando al folklore de una nueva concepción armónica acorde con los tiempos de la vanguardia que había comenzado al despuntar el siglo XX. Pero lo hacían, no desde una torre de marfil, sino totalmente imbuidos del amor por la tierra. Con una temática musical y poética de enorme contenido telúrico, donde quedaban reflejados otra vez el hombre nuestro de a pie, el cotidiano, la gente humilde, con sus valores ancestrales, sus costumbres, sus ritos, su estilo de vida, sus sentimientos más profundos, sus valoraciones más humanas, rodeado siempre por la naturaleza, por su paisaje de árboles, pájaros, montes y ríos.
El Cuchi Leguizamón y el Dúo Salteño empujaban hacia el futuro ese destino privilegiado de la Salta creadora. Tomaban las esencias desde lo profundo de la tierra y las echaban a volar con alas de eternidad. Era una conjugación perfecta de autenticidad y vanguardia dentro del folklore de tierra adentro. Dos confines que parecían difíciles de congeniar, de integrar en una unidad. Y ese fue el milagro de un portento musical como fue Cuchi Leguizamón, y de su correlato en las voces irrepetibles de Chacho Echenique y Patricio Jiménez.
Lo más admirable –y reconfortante para quienes aman la belleza y la originalidad en el arte- fue que el Dúo Salteño fue acogido con total entusiasmo por los amantes del folklore. Incluso por quienes estaban detenidos en el tradicionalismo.
El asombro se unía a la admiración cuando resonaban, lentas y cadenciosas, las zambas “Balderrama” y “La pomeña”; cuando restallaba el ritmo de la cueca “La arenosa” y el “Carnavalito del duende”. Leguizamón nos dejaba nuevas canciones emblemáticas: las zambas de Juan Panadero, Cantora de Yala, Si llega a ser tucumana, Zamba Soltera, Zamba para Viuda, o la chacarera Juan del Monte que en su mensaje se parece a la otra, Del Expediente. Y también aportaba riquezas inimaginables para temas que no había gestado su pródiga inventiva, como el clásico salteño de “La López Pereyra”, o la zamba de Yupanqui: “Viene clareando”.
Pero Salta ostenta también otras realizaciones fuera de serie. Y lo es ese grupo de niños y jóvenes coreutas del Ars Nova, que dirige magistralmente Betty Fernández de Briones, único en el país.
El Ars Nova surgió en Salta en aquel año 1988 gracias al empuje y al talento de Betty de Briones. Lo fundó quizá con el único objetivo de crear belleza con las voces de aquellos primeros chicos. Pudo haberse conformado con ello, y enriquecer así, con esa sola idea, el canto coral en el país. Pero Betty de Briones intuyó una meta aún más alta, mientras apuntaba obstinadamente a la excelencia. Fue la vinculación con eminentes directores de coro y compositores europeos, interesados en escribir música especialmente para esta formación de niños cantores, la que la impulsó a trepar nuevas cimas del canto. Las complejas, exigentes, desafiantes partituras de la música contemporánea, de la vanguardia se constituyeron en su reto desde fines de los años 90. De allí que el Ars Nova pudo demostrar fehacientemente en Buenos Aires, tanto en sus conciertos de fines de noviembre de 2005, tanto en la Facultad de Derecho como en la Iglesia colmada de La Merced, el prestigio de que goza en el Viejo Mundo. Allí las cristalinas voces de los niños cantores salteños hicieron maravillas con obras dificilísimas de compositores de los más diversos países. Betty de Briones nos deslumbró con la sabiduría con que guía las voces de estos niños para alcanzar los prodigios de afinación, fraseos, matices, cohesión sonora, ductilidad, exquisitez, garra y emoción. Sorprendió y emocionó, que son las metas del arte más excelso. Incluso pudo desconcertar al oído del oyente más atento y entrenado, con tales partituras escritas por creadores de Rusia, Estonia, Australia, Finlandia, Canadá, Inglaterra, Japón o España, por las tremendas exigencias melódicas, armónicas y rítmicas, que plantean intrincadas articulaciones, capaces de estremecer por su dramatismo o su patetismo, y que estos niños -cuya edad promedio es de 14 años- desgranan con alucinante naturalidad, pese a que no todos leen música de corrido.
Pero hay algo más, para destacar en la mística del Ars Nova y su directora. Su pertenencia a la tierra. Porque junto a la vanguardia mundial, que los distingue de otros coros de esta formación, el Ars Nova cultiva también el mejor folklore y la mejor música ciudadana, en certeros arreglos. Obras emblemáticas de la proyección folklórica, pergeñada por genios como el Cuchi Leguizamón y Eduardo Falú, se unen a ese maravilloso folklore imaginario gestado por Carlos Guastavino y Alberto Ginastera. Y, todavía, obras enjundiosas de compositores argentinos de la vanguardia como Eduardo Alonso Crespo. Como si todo esto fuese poco, Betty de Briones y su Ars Nova, vienen maravillando al público de Buenos Aires con sus bellísimas puestas coreográficas y lumínicas, con el único objeto de profundizar e intensificar los mensajes estéticos y los climas que sugieren las canciones. Por eso cada concierto del Ars Nova es un destello de magia que queda impreso en el alma y el corazón de cada oyente. Porque transmiten refinamiento, autenticidad y emoción.
Hoy Salta se apresta a un nuevo resurgimiento: a la resurrección del admirable Dúo Salteño, tras su primera actuación con gloria en el Teatro Catamarca de aquella capital el 29 de octubre último. Acaban de presentarse con éxito en Córdoba (donde se radicó Patricio), y el tercer regreso a los escenarios será a mediados de este mes diciembre en su querida Salta. En cada lugar van incorporando ese tesoro escondido: los temas inéditos, propios y ajenas que les dejó con sus armonías y ocurrencias el Cuchi Leguizamón, y que el país entero espera ansiosamente escuchar.
Chacho Echenique y Patricio Jiménez siguen ensayando febrilmente ese nuevo repertorio armonizado por el genio de Leguizamón, con vistas a un disco prometido para los primeros meses de 2006. Que el resurgimiento de este fantástico, maravilloso Dúo sea otra vez con el sello, la impronta inimitable del Cuchi es otro milagro de esta Argentina que quiere renacer en música y en poesía de alto vuelo.
El Coro de Niños y Jóvenes Ars Nova acaba de despedir, el último día de noviembre, su temporada anual de conciertos, diciendo adiós –no sin el dolor de la despedida- a los coreutas que se van. Y Betty de Briones se prepara para reanudar, otra vez, la búsqueda de nuevas voces para remontar nuevos vuelos hacia la excelencia musical.
Salta nos seguirá sorprendiendo con el Dúo Salteño y el Ars Nova. Esa es su portentosa predestinación. Su destino de hacernos falta...



René Vargas Vera - Compositor, y crítico de música de Diario “La Nación”
Diciembre de 2005

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“Coro de Niños y Jóvenes Ars Nova”

Directora, Profesora Ana Beatriz Fernández de Briones

Lanzamiento en el Teatro Colón de Buenos Aires del CD “Pachamama”:

Dicho lanzamiento se realizó en el concierto ofrecido por el Coro de Niños y Jóvenes Ars Nova en la sala principal del Teatro Colón, el pasado 17 de Mayo del 2004, invitados por las autoridades de dicho Teatro.
La sala colmada de personalidades vinculadas con el quehacer musical y coral argentino, coreutas, y público en general que asistió a este notable concierto, fue el marco imponente para esta nueva presentación del Ars Nova en el prestigioso Teatro Colón.

Datos del CD “Pachamama” o “Madre Tierra”:

Una parte del repertorio de este CD, esta comprendido por obras típicas de diferentes países del mundo, cantadas en sus idiomas originales. Así mismo, varias de las obras han sido arregladas o compuestas para el Coro de Niños y Jóvenes Ars Nova, y/o han sido trabajadas en forma conjunta entre coro – directora - compositor o arreglador.
Pero el común denominador de este nuevo disco, es transitar por la propuesta contemporánea, y encontrar en ella los diferentes caminos de expresión de nuestros días.
Expresión de reflexiones tan profundas como el sentido de trascendencia del hombre (Ikikaiku, Pachamama). Expresión del amor (Zamba del Laurel, Akai hana). Del miedo (Aglepta). La Valentía (Amets beltz). La amistad entre pueblos (Canten Señores Cantores, Laulusild). De amor y alabanza a Dios (Siyahamba, Kyrie). De la permanencia de los pueblos a lo largo de la historia (Doña Ubensa, Riawanna). De esperanza (Voices and Smiles, Zai Itxoiten). De las tradiciones (Cancioncilla Sevillana); y hasta de la imaginación del absurdo (Bay Dooka).
El resultado es un abanico de propuestas sonoras, que sorprende por la variedad de posibilidades de expresión en la exploración de la voz humana.
Esta es también una de las cualidades más reconocidas del trabajo del Coro de Niños y Jóvenes Ars Nova: la extraordinaria ductilidad y técnica vocal, que les permite abordar cualquier tipo de repertorio, sin perder de vista la atmósfera especial de cada obra.
“Pachamama” es una palabra Quechua que significa Madre Tierra. El nombre de este CD: “Pachamama”, hace alusión a la diversidad de culturas existentes en nuestro planeta, y a la constante necesidad del hombre de expresar a través de la música las emociones más genuinas.
Este Disco Compacto contiene composiciones corales originales, y arreglos corales de los 5 Continentes.

Lugares de grabación: Sala de ensayos del Coro de Niños y Jóvenes Ars Nova y Hotel Presidente de Salta
Edición digital y masterización: Maestro Carlos López Puccio
Diseño de tapa: Martín Javier Briones

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SABADO 28 de Septiembre de 2002 - LA NACION LINE.

Voces celestiales llegan de Salta
http://www.lanacion.com.ar/02/09/28/ds_435483.asp




Concierto del Coro de Niños y Jóvenes Ars Nova, de Salta , dirigido por Ana Beatriz Fernández de Briones. Repertorio: obras de Sallinen, Podolsky, Busto, Kodaly, Slavkin, Tormis, Kortekangas, Telfer, Mellmas, Leek y Falú-Dávalos. Programa Colón x 2 pesos.

Nuestra opinión: excelente (*****)

Desde que las sutiles voces juveniles se expanden por la sala, durante su ingreso procesional desde el fondo hacia el escenario, ya se ha instalado la magia. Bastan el unísono y las solas dos voces en una de las cuatro "Canciones de mar", un canto litúrgico del finlandés Aulis Sallinen, para que la seducción del canto impregne los espíritus y los corazones.

Parecidas atmósferas se expanden cuando las adolescentes entonan, con exquisitos e impecables pianísimos, "Cheruviko", del ruso Podolsky, expresión del ritual ortodoxo. La transparencia de las tonalidades tradicionales se truecan en nuevos caminos armónicos y en delicado juego polifónico para expresar el refinamiento poético musical y el lirismo con los que el vasco Javi Busto describe "la dulce espera" de toda mujer. Zoltan Kodaly (más conocido) llegará con su "Canción del atardecer", en la que el melodismo se asienta en notas-pedal y se torna en cántico hímnico. Otra vez los pianísimos rubrican los significados de lo recóndito.Entre las delicias se cuela el primer tema, "Snieg" (canción del niño que ve caer la nieve), de Slavkin, en el que los coreutas trazan sugestivas coreografías, mientras su directora extrae del piano cautivantes notas.

Ningún alarde tienta al Ars Nova de Salta, que con sus desafíos viene cosechando varios premios internacionales. Tampoco ha convocado Beatriz de Briones -que dirige con inusual mesura- a vanguardismos y complejidades como lenguaje predilecto. El coro ha conquistado el perfil contemporáneo con pequeños prodigios, diminutas células y un maravilloso ensamble de estilo intransferible. Esto se percibe claramente en el tema "Laullusild", del compositor de Estonia Veljo Tormis (frecuentado por coros argentinos). El juego vocal crea una sorprendente polifonía con soplos de celebración.

Sorpresas

Las sorpresas se suceden en "Eco eterno" del finlandés Olli Kortekangas, en los que el desplazamiento de las coreutas expresan la necesidad perentoria de comunicación. El compositor -que asistió sorprendido a la premier mundial en Rotterdam, en 1999- pudo constatar hasta qué punto el coro de Beatriz Briones pudo intuir los caminos de una obra abierta, que invita a la imaginación, que estalla en vociferaciones para luego recalar en un himno, tomados de la mano.

Otro de los prodigios pergeñados por este soberbio ensamble es la lúdica "Bay Dooka", de la canadiense Nancy Telfer, con sus racimos de sonidos que estremecen por sus palpitaciones. Es aquí donde es dable apreciar la sólida formación y el estupendo profesionalismo de estas jóvenes. El deslumbramiento no se agota. "Aglepta", del sueco Arne Mellnas, plantea una exigencia suprema para el coro más exigente. No sólo por sus intervalos dificilísimos y su compleja armonía, con su sensación de misterio, sino porque, en plena oscuridad, los coreutas con las linternas que iluminan sus rostros (trocando los colores de la luz en un alarde cuasi cinétic