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Un milagro coral Mundoclasico.com
Salta, 25.06.2008. Iglesia de San Alfonso. Coro de Niños
y Jóvenes ‘Ars Nova’ (directora Ana
Beatriz Fernández de Briones) y Estudio Coral
de Buenos Aires (director Carlos López Puccio).
Repertorio del primero: Obras de G. Podolsky, Dwight
Okamura y Otmar Macha. Repertorio del segundo: Claude
Debussy, Arnold Schönberg, György Ligeti,
Aaron Coopland, Alberto Ginastera, Krzysztof Penderecki,
Johann Sebastián Bach. Organizador: Coro de Niños
y Jóvenes 'Ars Nova'. Festejo de los primeros
veinte años del Coro 'Ars Nova'
Por José Mario Carrer
Dream
a Dream es un coral escrito por Ed Robertson cuya letra
clama por la paz. Lo cantó el Coro de Niños
y Jóvenes Ars Nova en alguna otra oportunidad.
Su melodía y su letra son de enorme emotividad
y cuando lo escuché por primera vez en un teatro,
fue con los integrantes del Ars Nova, desparramados
por toda la sala, tomando la mano de integrantes del
público -en esa oportunidad fuí uno de
ellos- que colmaba el recinto. La página despierta
emociones profundas y hasta el más duro corazón
no deja de conmoverse.
En
la noche del miércoles 25, otra vez el Ars Nova
cantó Dream a Dream aunque esta vez sus cantantes
tomaron las manos de los integrantes del Estudio Coral
de Buenos Aires que dirige el inefable Carlos López
Puccio, que está compuesto por directores de
otros coros y cantantes profesionales con lo que resulta,
sin desmedro para nadie, no solo el mejor coro argentino
de cámara sino que con seguridad está
entre los mejores del mundo.
Ese tomar de la mano, ese mirar a los ojos de los visitantes,
esa sonrisa emocionada del receptor del canto, hizo
aparecer lágrimas en muchos ojos de los artistas
y en muchos ojos del público que colmaba la Iglesia
de San Alfonso. Es que el Ars Nova, el coro fundado
y dirigido hasta nuestros días por la notable
Ana Beatriz Fernández de Briones, festejaba sus
primeros veinte años de vida y estaba agradeciendo
de esa forma la presencia de nada menos que el Estudio
Coral de Buenos Aires que vino de la capital argentina
solo para acompañar con su fantástica
calidad, ese cumpleaños número veinte.
Fue un concierto inolvidable. Por un lado, un coro
vocacional de niños y jóvenes que canta
todo de memoria, premiado por cuanto lugar anduvo en
el mundo. Por otro lado la mejor agrupación coral
argentina, merecedora también de incontables
premios en el país y en el exterior. Qué
fácil es entonces escribir una crítica
de ambos grupos y sus respectivas actuaciones. Qué
difícil es tratar de transmitir con palabras
las intensas emociones vividas. Hay hechos en la vida
de los seres humanos que no son posibles describir sin
correr el riesgo de quedarse corto con el adjetivo,
con la frase, con el párrafo, con todo el texto.
La iglesia estaba totalmente cubierta por el público,
entre los que se encontraban directores y coreutas de
otras agrupaciones de Salta y de otras provincias. A
ellos se agregó un público de todas las
edades, más sacerdotes de la congregación.
Todos fueron a acompañar el festejo de los veinte
años y el placer de escuchar al Ars Nova, pero
también fueron para oír, muchos de ellos
por primera vez, al famoso Estudio Coral de Buenos Aires
y a ver en acción ese fenomenal músico
que es Lopez Puccio. El frío quedó de
lado, la dureza de las bancas también, las dos
horas de duración, salvo excepciones, no generaron
queja alguna. Estoy seguro que de haber sido una hora
mas, nadie se hubiera percatado.
Primero fueron Betty Briones y sus chicos. Fueron treinta
minutos de canto coral de elevada jerarquía.
A Cheruviko, un himno a la Virgen del ruso Podolsky,
le siguió Sakura, Sakura, un coral basado en
hechos mitológicos japoneses de Okamura que habla
de la unión del espíritu con la naturaleza
a través de la significación del árbol
de cerezo para los nipones; luego un emotivo saludo
checo con Hoj, hura Hoj de Matcha. Allí debía
haber terminado esa apertura pero la ovación
trajo la Canción del Arbol del Olvido del argentino
Ginastera.
Serenados los ánimos, por primera vez en sus
casi veintiocho años de existencia, aparecía
en Salta el reconocido Estudio Coral de Buenos Aires
con su director. Como si supieran lo que vendría,
el público aplaudió largamente antes de
la primera nota. Y tenían razón. Nunca
escuché en mi ciudad un coro de esta magnitud,
de esta enorme estatura artística.
Salvo el mas bello de los seis motetes escritos por
el genial barroco alemán Johann Sebastián
Bach, Singet dem Herrn sobre los Salmos 149 y 150 (BWV
225) a doble coro, con una polifonía que por
momentos parecía hecha de fuegos de artificio
por su espectacularidad, por sus impresionantes combinaciones
armónicas, por sus figuras arquitectónicas
de construcción sonora, el resto del repertorio,
explicado desde un punto de vista técnico pero
con una gran dosis de humor por parte de López
Puccio, fue contemporáneo, con páginas
que según el director -y así no mas debe
haber sido- cuando fueron escritas casi no había
agrupación coral capaz de cantarlas por sus altas
exigencias conformando esta circunstancia dos aspectos
que merecen ser mencionados. Por un lado, el asombro,
el deslumbramiento que el Estudio Coral de Buenos Aires
produjeron en el público, mucho del cual está
preparado para apreciar la condición de único
acerca de lo que estaba viviendo y por otro lado, el
poder escuchar páginas corales de gran belleza
que si bien, como dije, antes no había intérpretes
para ellos, hoy si los hay -no muchos, es cierto- pero
uno de lo cuales estaba en Salta con su inmensa sabiduría.
De inicio fue Debussy, una de las relevantes figuras
del impresionismo musical, que compuso a sus 46 años,
Trois Chansons de Charles d’Orleans (padre de
la poesía lírica francesa durante el siglo
XV), su única obra a capella, como tributo a
los polifonistas que el autor admiraba, como Di Lasso
o Jannequin. Son de un lenguaje armónico original,
transparente en sus esfumaturas, con hermosas secciones
melódicas, con acordes de alto vuelo, con un
impecable
solo de Verónica Cánaves, soprano de
amplio espesor vocal que resolvió con maestría
las tensiones de su parte.
Luego llegó Friede Auf Erden (Paz en la Tierra),
compuesta por Schönberg en sus últimas incursiones
sobre la tonalidad, o sea antes de ingresar en esa revolución
sonora que fue el dodecafonismo. Se estrenó con
acompañamiento instrumental para dar firmeza
a la afinación aunque muchos años después
pudo estrenarse a capella, como había sido originalmente
escrita, y tiene como destinatario al hombre como responsable
de la convivencia en paz.
A continuación una de las figuras cumbres de
la creación musical de la segunda mitad del siglo
XX, el húngaro György Ligeti con su coral
Abendphantasie, compuesto a 16 voces (si, …a 16
voces) en el que el compositor usa microtonos creando
una singular muestra cromática que impone su
belleza ante la complejidad de su estructura armada
mediante células breves y repetidas. Probablemente
me deben sobrar los dedos de la mano para contar los
coros capaces de hacer esta obra sin caer en el desconcierto.
Después uno de los tres grandes compositores
norteamericanos del siglo XX: Aaron Copland con In the
begining, un inmenso motete que relata con tranquila
hermosura, los días de la Creación. Ese
relato esta a cargo de la estupenda mezzosoprano Rosana
Bravo a la que se agrega el coro a capella. Poco mas
de una docena de minutos que van desde la frase íntima
y recogida hasta las vigorosas síncopas finales.
Parecía que ya no habría más motivos
de inesperada sorpresa cuando llegaron las Lamentaciones
de Jeremías Profeta de Ginastera, que escribe
esta única obra para coro sin acompañamiento
instrumental. Son las lamentaciones que surgen luego
de la caída de Jerusalén y contienen descripciones
dramáticas de lo sucedido a través de
cinco poemas de los cuales el autor compone tres corales,
el primero de un vigor inusitado y los dos siguientes
como verdaderos lamentos cargados de pena y dolor.
Ya dije que el Estudio Coral terminó con Bach.
Pero antes llegó un Veni Creator del polaco Krzysztof
Penderecki. Se trata de un himno al Espíritu
Santo. El autor usa casi recitativos montados polifónicamente
sobre melodías relacionadas con lo expresado
por su texto. Son acordes basados en semitonos cromáticos
conocidos como clusters que suenan disonantes aun cuando
en el resultado final originen agrados auditivos. También
hubo un bis: Nunc dimitis del inglés Gustav Holst.
Es verdad, el Ars Nova festejaba sus primeros veinte
años. A este destacadísimo grupo de niños
y jóvenes me referí largamente en anteriores
comentarios. Entonces me pareció oportuno puntualizar
en detalle la presencia del Estudio Coral por primera
vez en nuestra ciudad. Su profesionalismo, sus trabajadas
voces, sus sutiles expresiones, su homogeneidad, sus
ataques, su imbatible afinación, la entrega de
sus integrantes, la calidad de su conductor, en resumen,
su deslumbrante técnica coral, ameritaban para
dedicar estas líneas que intentan señalar
que posiblemente, entre los festejos de su cumpleaños,
el Ars Nova vivió uno de los momentos fundamentales
de esos festejos.
Este texto fue publicado el 11.07.2008
Sábado
28.06.2008
Coro de niños y jóvenes
de Salta
Emotivo festejo por los 20 años del Ars Nova
El Estudio Coral de Bs. As. viajó
para la celebración

Integrantes de los dos coros saludan y se saludan emocionados,
al cierre de la noche
SALTA.- Estas chicas y chicos cantores no olvidarán
jamás en su vida las intensas y profundas emociones
vividas en la iglesia San Alfonso de esta ciudad, la
noche de miércoles. Las llevarán prendidas
por siempre en sus oídos, sus retinas, su piel
y su corazón. Pero también las guardamos
como un tesoro quienes fuimos testigos privilegiados
de esta celebración de los veinte años
del Coro de Niños y Jóvenes Ars Nova,
fundado y dirigido por Beatriz Fernández de Briones,
en compañía del más formidable
instrumento vocal argentino: el Estudio Coral de Carlos
López Puccio.
Al escucharlos, lejos de la vorágine del país,
nos pareció atisbar destellos del paraíso.
Es que hay momentos inenarrables, inefables, en los
que las palabras parecen abismarse frente a los portentos
de belleza de la naturaleza o los que pergeña
el espíritu humano.
Como estos en los que un coro amateur de niños
y jóvenes que cantan absolutamente todo de memoria
confluyen en un punto con la impronta de una agrupación
coral de eminentes cantantes profesionales que leen
partituras todo el tiempo. Ese punto, que es el luminoso
de la más alta inventiva en la música
contemporánea; que irradia sus ráfagas
musicales a través de las voces, es el de la
excelencia.
Es la estética proteica de los compositores
del siglo XX la que une al Ars Nova y al Estudio Coral.
De modo tal que las experimentaciones, las audacias,
los desafíos, las búsquedas intensas y
los hallazgos deslumbrantes de la música coral,
que van de lo politonal a lo atonal constituyen el meollo
de ambos repertorios, aunque difieran las paternidades
de los compositores escogidos. Diríase, incluso,
que por esta honda empatía espiritual y artística,
el Ars Nova no sólo se constituye en émulo
del Estudio Coral, sino que resultaría, con osadía,
algo así como el "pequeño gran Estudio
Coral"
Lo ratifican las chicas y chicos del Ars Nova en su
salutación al Estudio Coral, con tres obras:
la de un compositor ruso ( Cheruviko , de la liturgia
ortodoxa rusa, plena de unción); un tradicional
japonés ( Sakura, Sakura , de entrañables
climas inspirados en la flor del cerezo) y de un músico
checo ( Hoj, hura Hoj , un intenso canto bucólico),
en admirables versiones en las que sus voces sobrevuelan
holgadamente sobre un mar de complejidades, tanto por
los alucinantes planos sonoros, como por sus densas
armonías.
Betty de Briones ha explicado antes el sentido de cada
una y, sin habérselo propuesto, accede a un bis
( Canción al árbol del olvido ) para dar
paso a su invitado de honor.
La fría noche salteña, en un día
en que al fin asomó el sol, sabe del regalo que
le depara.
La expectativa creada por la presencia, por primera
vez en Salta, del prestigioso Estudio Coral, fundado
hace 27 años por Carlos López Puccio,
se hace patente en una iglesia colmada: un entusiasta
auditorio en el que se cuentan coreutas venidos de Tucumán,
Jujuy, Santiago del Estero, Catamarca y otros de coros
locales. Otra vez, López Puccio nos instalará
en un mundo musical de maravilla, tras sus medulosos
y humorísticos comentarios sobre compositores
y obras. El único Debussy coral de Trios Chansons
de Charles d Orléans ; el Friede auf Erden ,
de Schoenberg; la Abendphantasie , de Ligeti; el In
the Beginning, de Copland; las Lamentaciones de Jeremías
profeta , de Ginastera; el Veni Creator , de Penderecki,
y el motete Singet dem herrn , de Bach, deslumbran y
conmueven. Unos sentados, otros de pie, en semicírculo,
los coreutas desgranan sutilezas, acometen complejos
contrapuntos, cultivan la más deslumbrante polifonía.
Hay un solo bis, y es el Nunc dimitis , de Holst, de
conmovedora unción religiosa. Pero luego el momento
estremecedor: los niños del Ars Nova están
cantando al unísono el emotivo himno Dream-Dream
, de Ed Robertson, que clama por la paz, mientras toman
la mano y miran a los ojos de cada coreuta del Estudio
Coral. Las lágrimas surcan los rostros. La música
coral contemporánea ha triunfado y perdurará
por amor al canto.
René Vargas Vera
Espectáculos | NotaNoticias de Espectáculos
Momentos mágicos del Ars Nova
El coro festejó sus 20 años con
un concierto milagroso en el Teatro Provincial
Miércoles 12 de diciembre de 2007 | Publicado
en la Edición impresa
SALTA.- Un nuevo y luminoso hito coral ha colocado en
su brillante trayectoria el Coro de Niños y Jóvenes
Ars Nova el miércoles último, al iniciar
sus festejos veinteañeros. Y sus poderosos haces
de luz se han irradiado hacia los cuatro rumbos. Chicas
y chicos de esta ciudad nos sorprendieron y emocionaron
al pergeñar momentos de maravilla; verdaderos
portentos corales gestados desde el espíritu
de una maga: Ana Beatriz Fernández de Briones
(para todo el mundo, Betty Briones).
Los milagros de estos diecinueve niños y jóvenes
cantores se producían en el flamante Teatro Provincial,
el remozado cine-teatro Victoria puesto a nuevo durante
la gestión cultural de Eleonora de Ferrer e inaugurado
el 15 de noviembre con el concierto de la Orquesta Sinfónica
de Salta; por donde, en días sucesivos, desfilaron
Dino Saluzzi, el Ballet provincial, Eduardo Falú
y Lito Vitale junto a la sinfónica del lugar
y Les Luthiers; donde se inauguró su Salón
Dorado, con música de cámara de Brahms
y Schumann, y donde tocó el pianista Bruno Gelber
con esta sinfónica. Incluso habrá que
perdonar, a la gestión cultural, el lapsus de
no haber incluido al Ars Nova en el dossier entregado
a la prensa.
Bajo una gran campana acústica,
tan blanca como la de la despojada arquitectura del
teatro, los niños -sólo dos varones- empezaron
a tejer sus sortilegios de la mano de su fundadora y
directora, Betty Briones. Diecinueve voces de chicos
(uno de 7 años, dos de 8, dos de 9, tres de 11,
hasta alcanzar los 17, más una sola de 21, Renza
Malvasi, que se despidió entre lágrimas)
se entregan al canto con pasión y alegría.
Voces increíbles
No nos ofrecerán un "cancionero
infantil". No, no. Ellos treparán alturas
inconmensurables de la música contemporánea;
la más densa en significados y la más
compleja en su trama. Y ¡de memoria! acometerán
desafíos increíbles para sus voces, sin
forzar la tesitura de ninguna de sus cuatro cuerdas
vocales de sopranos, mezzo o contraltos. Los compositores,
ya canadienses, húngaros o rusos; ya estonios,
finlandeses, checos o suecos, y, entre ellos, el argentino
Alonso Crespo y hasta nuestro diáfano y entrañable
Carlos Guastavino, los plantean.
Briones se encarga de transformar este
encuentro en un delicioso concierto didáctico.
Habla de su relación con algunos de estos compositores,
pero sobre todo desentraña los significados de
cada obra. Por esto, son las esencias artísticas
y estéticas del canto, los contenidos profundos
de la música plasmada por los creadores que escoge
la guía del Ars Nova lo que en definitiva sorprende
y conmueve. Porque sus lenguajes trascienden la mera
disonancia experimental y hueca, y toda rítmica;
porque ellos han buceado en una temática que
los une: lo atávico, los ancestros, lo telúrico,
el hombre universal de "los trabajos y los días",
para transfigurarla a través del lenguaje de
los signos contemporáneos, de la más pura
y elocuente vanguardia. A tal meollo poético-musical
suma el Ars Nova la atracción de su "puesta
en escena". El coro elude todo convencionalismo
para enriquecer cada instante con desplazamientos de
estos coreutas salteños -algunos debutantes-
y mediante coreografías de armonía plástica.
A veces el teatro queda en sombras mientras cantan con
velas encendidas o con linternas para ilustrar o acentuar
cada significado. Son momentos mágicos en los
que la eufonía de sus gargantas, las complejidades
armónicas, las exquisiteces del fraseo, los refinamientos
a lo largo de mil matices, la unción expresiva
de su entrega total al canto, atrapan y nos dejan anonadados.
Es entonces cuando uno llega a entrever
el minucioso trabajo preparatorio de Briones -la técnica
vocal sublimada y finalmente sublime- para que sus coreutas
se compenetren de la sustancia y la forma de cada obra,
para expresarlas con la mayor intensidad y fidelidad.
El Ars Nova es de Salta. El Ars Nova es universal. Su
maravillosa siembra asegura nuevos portentos en el arte
coral.
René Vargas Vera
Miércoles 12 de diciembre de 2007 | Publicado
en la Edición impresa
Noticias de Espectáculos
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De la mano de Betty Briones, los diecinueve coreutas
se entregan al canto con pasión
¿Que veinte años no son
nada? ¡¡¡Son muchísimos!!!
Salta, 05.12.2007. Teatro Provincial de Salta. Coro
de Niños y Jóvenes Ars Nova. Directora
Mª Ana Beatriz Fernández de Briones. Obras
de Adams, Kodaly, Slavkin, Tormis, Kuliyim, Kortekangas,
Guastavino, Falú y otros.
José Mario Carrer
El nuevo teatro provincial de Salta se inauguró
hace menos de un mes. Ya escuché la orquesta
sinfónica, en el escenario y en el foso cuando
acompañó el debut del ballet profesional.
Escuché un grupo camerístico como el de
Dino Saluzzi. En esta oportunidad tenia la expectativa
de observar cómo se comportaba la acústica
que hasta aquí había sido muy buena, escuchando
un coro. Es verdad que no era el coro grande. Es verdad
que no era un coro mixto. Se trataba de un coro de voces
iguales, de corto número de integrantes, con
lo cual la prueba era más exigente aún.
Pero claro, tampoco era cualquier coro. Era nada menos
que el coro de niños y jóvenes más
importante del país. Era el Ars Nova conducido
por su legendaria directora. Por esa dama que mezcla
sin pudor el talento con la exigencia disciplinaria.
Que se muestra ante una enorme cantidad de público
con su habitual seguridad, con su ya reconocido placer
del artista que piensa, tal vez con la timidez de la
vergüenza pero con el aplomo del que sabe, “y
bien…aquí estamos otra vez…para entregarles
no solo lo mejor que podemos…sino también
una muestra de elevada jerarquía musical”.
El teatro respondió otra vez. Su acústica
permitió el lucimiento de casi veinte individualidades
que a despecho de sus diferentes edades, constituyen
un lujo para Salta.
El origen del Universo está
muy bien descrito por la compositora canadiense Lydia
Adams en el coral Mcima’q. Un Ave María
del húngaro Kodaly con sus difíciles intervalos.
La exquisitez de la música coral del argentino
Guastavino que uno no puede olvidar luego de ese hermoso
acorde final. La belleza melódica de Snieg (Nieve)
del ruso Slavkin. El vigoroso fraseo del canto pastoral
en Hoj, Hura Hoj del checo Macha y otras página
corales que ya fueran comentadas antes pero que en conjunto
conforman un programa inexistente en la casi totalidad
de los coros argentinos, han sido las páginas
para este concierto del Ars Nova con el cual celebran
sus primeros veinte años de vida. Por supuesto,
soy conciente que no hay muchos coros en nuestro país
con tan dilatada trayectoria. Siempre respetando la
más elevada técnica del canto coral. Siempre
luciendo el grupo, a través de sus integrantes,
casi todos solistas con el detalle de calidad que ello
implica.
Como sucede siempre, en este concierto
de fin de año se despiden los cantantes que se
van. Algunos a estudiar afuera, otros por su ingreso
y natural exigencia universitaria, otros por diferentes
motivos, pero todos con la sensación de haber
vivido una circunstancia única en sus vidas.
Y es cierto. Tendrán momentos mejores o peores,
pero los vividos dentro del Ars Nova los llevan adentro.
Esta vez fueron Renza Malvasi y Paula Alderete que en
el abrazo con la directora y el presidente de la institución,
mostraron su alto grado de emotividad.
Escribí tantas veces sobre este
coro, que corro el riesgo de la repetición. Pero
es imposible no mencionar nuevamente su deslumbrante
afinación, su seguridad expresada en la falta
de partituras. Su sonido etéreo o macizo según
lo que pide la obra coral. Su dinámica, siempre
adecuada, siempre atinada. Las conmovedoras presentaciones
de cada tema por parte de la Sra Briones. En fin…qué
más decir de una agrupación que satisface
hasta la plenitud a quienes la integran y a quienes
la oyen. Será hasta el año próximo.
Este texto fue publicado el 13.12.2007
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Viernes 8 de Diciembre de
2006
Coro de Niños y Jóvenes
Ars Nova de Salta
Voces salteñas que llegan lejos

La directora Betty de Briones, en el cierre de otra
gran temporada del coro de niños que dirige
Cerró otro auspicioso año el ensamble
que dirige Beatriz Fernández de Briones
(SALTA).- En un templo colmado de oyentes, una vez más
el Coro de Niños y Jóvenes Ars Nova de
Salta, con la guía de su fundadora y directora,
Betty de Briones, ha despedido su temporada de conciertos
anuales. Es el encuentro de diecinueve de las infantiles
y juveniles voces con el público salteño,
para sorprender y emocionar. Desde 1990, directora y
coreutas han elegido la iglesia de San Alfonso, por
su mejor acústica, como el lugar apropiado para
clausurar el ciclo de cada año.
La bella Salta, cuna de poetas y músicos
fuera de serie, la "Salta que hace falta"
debía ostentar un correlato artístico
a través del canto coral, de esa pléyade
de inspirados creadores, como son o fueron los compositores
Eduardo Falú y Cuchi Leguizamón, y los
poetas Manuel J. Castilla y Jaime Dávalos. Y
ocurrió años después de aquellos
mágicos alumbramientos, cuando Beatriz Fernández
de Briones, tras conocerse con su esposo Rodolfo en
el Coro de la Universidad Católica, decidieron
fundar en 1978 un octeto que denominaron Ensamble Coral
Ars Nova. Y aquella primera idea que insufló
la gesta coral -fomentar el amor por la música
coral con alegría, con entrega, pero con verdadera
disciplina, para alcanzar la jerarquía, la excelencia
musical- fue la que plasmó Betty, diez años
después (1988), al crear el Coro de Niños
y Jóvenes Ars Nova.
Al escucharlos nuevamente, en esta
su ciudad, uno repasa mentalmente una historia fascinante
dentro de la actividad coral argentina; la de un coro
que en 18 años cumplidos ha concretado trece
giras internacionales en la que han recogido aplausos,
premios y un sólido prestigio que se acrecienta
día tras día.
Nuevamente, el programa de la noche
de despedida es variado y exigente para esas voces de
niños y jóvenes que no leen música,
pero cuya intuición natural ha sabido estimular
de modo mágico, la amorosa guía maternal
y el genio musical de Betty Briones, para alcanzar resultados
artísticos que, en definitiva, resultan alucinantes.
Obras de compositores rusos, japoneses, estonios, canadienses,
húngaros, finlandeses, a los que se incorpora
María Elena Walsh, Chacho Echenique, Gustavo
Leguizamón y Eduardo Falú.
La directora comenta que la idea es
ofrecer en sus conciertos un argumento, un hilo conductor.
En este caso, pinturas, paisajes, personajes, que nos
llegan desde los cuatro rincones del planeta. Son vivencias
muy profundas de cada compositor, traducidas en música
contemporánea que no recurre a caprichosos procedimientos
académicos de presuntas vanguardias, sino a la
más honda sustancia poética para expresar
sentimientos auténticos. En tal sentido, este
concierto de despedida es un concierto didáctico
en el buen sentido de la palabra (es decir, sin el "prestigio
del tedio"). Es una clase magistral en la que se
explaya para traducir, de modo sencillo, el sentido,
el estilo de cada partitura.
Sin fronteras
El himno ortodoxo ruso de alabanza
a María; la canción popular, la de amor
y la de la mitología japonesa sobre el árbol
del cerezo; el sobrecogedor cuadro de la creación
del universo en el Mic ma q de Lydia Adams, en el que
las chicas del coro se desplazan hacia las naves de
un templo a oscuras y hacen maravillas con sus voces;
las dos obras de Kodaly; la del finlandés Rautavaara,
inspirada en trágicos versos de García
Lorca; las bellas imágenes y melodía de
María Elena Walsh en La ciudad de Brujas , y
hacia el final el folklore salteño en diversas
versiones.
Una visión caleidoscópica
que atrapa por sus contenidos y por el sinfín
de desafíos que plantea para cualquier ensamble
de voces. Betty de Briones ha pulido minuciosamente
esas gargantas casi vírgenes; las condujo de
la mano hacia indagaciones interiores; ha extraído
de ellas mil timbres, cientos de sutilezas y matices,
convertidos en exquisiteces, en refinamiento, pero también
en pujanza, en dramatismo, en fantásticos suspensos.
Como reconoce con ejemplar modestia,
todo empezó cuando descubrió dentro de
sí tanto las limitaciones como esa suprema intuición
que no da el mero estudio académico, para elegir
un repertorio. Intuición incentivada, muchos
años antes, en el contacto con el Cuchi Leguizamón,
cuando las convoca a ella y a Silvana Irigoyen para
fundar un cuarteto junto a la guitarra de su esposo
Rodolfo y al piano del compositor. Y luego, su aprendizaje
de la técnica vocal y la herencia recibida del
ejemplar maestro Edgardo Aradas.
Pero otro hito surge en ese camino
de consolidación estética. El triunfo
inapelable del primer premio en la categoría
Coro de Niños en la competencia internacional
de Holanda en 1995, al que siguen infinidad de invitaciones
y galardones en distintos festivales internacionales.
Y tras estos formidables espaldarazos, el reconocimiento
y la amistad con prestigiosos compositores escandinavos,
de Europa oriental, de Canadá o Inglaterra, por
estas prodigiosas conjunciones entre la música
contemporánea y la emoción.
René Vargas Vera
Link corto: http://www.lanacion.com.ar/865628
2006 - OTRO BRILLANTE CIERRE
DE TEMPORADA DEL CORO DE NIÑOS Y JOVENES ARS
NOVA
José Mario Carrer – para “Mundo
Clásico”
Coro de Niños y Jovenes "Ars
Nova". Directora Prof. Ana Beatriz Fernandez de
Briones. Obras de Cesnokov, Tomoyo, Terashima, Tormis,
Adams, Kodaly, Rautavaara, Vargas Vera, Echenique, Leguizamón,
Sallinen, Dávalos, Falú, Ginastera y Palormo.
Iglesia de San Alfonso. Miércoles 6 de diciembre
de 2006.
Como sucede anualmente desde 1988, el Coro de Niños
y Jóvenes "Ars Nova", decididamente
la mejor agrupación vocal de este género
en el país, ha brindado por décimo novena
vez consecutiva su concierto de cierre de temporada.
Diecinueve conciertos no es un dato menor. Revela continuidad,
trabajo, una verdadera vocación por el canto
coral de la más elevada factura. Es verdad que
por el grupo han pasado cientos de niños y jóvenes
pero también es cierto que hay un mérito
innegable en su directora-fundadora, la profesora Ana
Beatriz Fernández de Briones quien a pesar de
la inevitable movilidad social de sus integrantes, ha
sabido mantener la altísima calidad reconocida
en nuestra ciudad, en nuestro país y en el exterior.
En la oportunidad y como ocurre siempre se eligió
un repertorio representativo de los mas sustancioso
de lo realizado durante el año. Así un
templo colmado de público pudo apreciar un canto
a la Virgen de la liturgia rusa "Dostoyno Yest",
tres canciones japonesas que hablan de la hospitalidad
de ese pueblo, del significado de sus flores blancas
y rojas, de aspectos de su mitología milenaria
y oriental; la conocida "Laulusild" el bello
tema del estoniano Veljo Tormis con ese crescendo cada
vez mas importante y permanente, los sonidos espaciales
de la canadiense Lydia Adams con las que intenta describir
la creación del mundo, dos disímiles pero
valiosas páginas del húngaro Zoltan Kodaly,
todo el drama poético de Garcia Lorca que el
finlandés Rautavaara construye para referirse
a la llegada de la muerte, la original versión
coral de una canción de Maria Elena Walsh hecha
por el compositor y crítico Rene Vargas Vera,
presente en la iglesia y receptor de un vigoroso aplauso,
para finalizar con páginas argentinas de Echenique,
Leguizamón, Dávalos, Falú y Ginastera
que recibieron ovaciones del público.
En materia musical, una de las cosas mas dificiles es
interpretar música nacionalista por las particularidades
que ofrece cada página de ese estilo. Pero el
Ars Nova se luce haciéndolas. No solo por que
las han trabajado muy bien sino porque sus permanentes
viajes al exterior participando de festivales y actuaciones
varias, han brindado la posibilidad de conocer "in
situ" la idiosincrasia de la música y de
la gente de esos pueblos visitados por el grupo coral.
Todos los años el Coro despide al o a los cantantes
que por un motivo u otro dejan el grupo. Este año
fue una sola coreuta, Valentina Giacosa que recibió
la tradicional medalla recordatoria de su paso por el
coro. A cambio entregó un irreprochable solo
en "Balladi" del ciclo "Cuatro Canciones
de Mar" del finés Sallinen, dicho con hermoso
timbre y alta emotividad.
La Profesora Briones como siempre detallista,
cuidadosa, confiada en las posibilidades innegables
de sus coreutas, precisa, firme, dulce, con su clara
gestualidad, todo ello conducente a obtener la mas elevada
escuela coral, finales de frase casi de otro mundo,
impecable afinación, acentos, llamativa seguridad,
sobre todo en algunos integrantes de escasa edad, un
fraseo claro como clara fue la dicción de los
cantos. En suma, una nueva demostración capaz
de emocionar al oyente casi hasta las lágrimas
como las que tuve oportunidad de observar en algunos
de ellos.
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Crítica
publicada por el Diario La Nación de Buenos Aires
el 19 de Noviembre de 2005 - Juan Carlos Montero
Sugestión con el Coro Ars Nova - Nuestra
opinión: excelente * * * * *
Coro de Niños y Jóvenes
Ars Nova, de la provincia de Salta. Directora: Beatriz
Fernández de Briones. Programa con obras de Adams,
Bortiansky, Podolsky, Tormis, Guastavino, Vargas Vera,
Ginastera, Falú, de la Vega, Mëllnas, Alonso
Crespo, Okamura y Kortekangas. Basílica Nuestra
Señora de la Merced.
Inesperadamente, sin la promoción
adecuada y de un modo casi casual, se vive una tarde
inolvidable de música y de emociones contrastantes.
La belleza y el silencio de la basílica Nuestra
Señora de la Merced predisponen a una calma bienhechora.
El tiempo parece detenerse y la gente va llegando muy
de a poco y con esa actitud de recogimiento que imponen
los templos.
Se observan detalles llamativos, tales
como ponchos salteños (cuyo colorido es su símbolo)
y sombreros negros tan típicos del gaucho norteño,
ubicados en las balaustradas al pie del altar que prenuncian
la llegada de los jóvenes coreutas del Ars Nova
y de su distinguida alma máter, la directora
Beatriz Fernández de Briones.
También está el músico
Carlos López Puccio, acaso uno de los grandes
directores de coro del país y multifacético
artista que junto a un técnico parece estar atento
a grabar un hecho trascendente que debe conservarse
para enriquecer la historia cultural del país.
Ahora vemos llegar lentamente a los integrantes del
coro. Vienen del costado del altar y avanzan en disciplinada
fila. Portan una antorcha de luz y la imagen es delicada
como los ángeles dibujados por Piero della Francesca.
La voz de la directora anuncia las
obras, y ya con la primera, denominada "Micma´q",
en armonización de la canadiense Lydia Adams,
se recibe una sensación de infinito placer auditivo
y el sonido produce la atmósfera de lo indígena,
lo primitivo, la creación del mundo. Es admirable
la afinación, la amalgama de las voces juveniles
y la calidad del sonido. Luego es un credo en español
del compositor ruso Bortnyansky, que nos da a conocer
una página de ricas ideas musicales. Y siguen
autores del pasado y contemporáneos de Japón,
Finlandia, Estonia y muchos otros.
Pocas veces, al continuar el Ars Nova
su concierto, se escucha tanta unidad espiritual. Es
que todas las composiciones, complejas y hermosas, requieren
de una perfección de matices e intensidades.
El placer va en aumento y obras de diferentes orígenes
se transmiten con una comprensión total de la
idiosincrasia de los pueblos que aportaron al compositor
sus raíces populares, sus melodías tristes
o alegres y sus ritmos, algunos ancestrales e indígenas;
otros, derivados de la evangelización.
Por eso, ahí se escucha la zamba
de Gustavo"Cuchi" Leguizamón con verdadero
placer y el estreno de "La ciudad de Brujas",
con música y texto de María Elena Walsh
y Versión Coral de René Vargas Vera, al
que se ovaciona por su muy grata página coral,
y a Eduardo Alonso Crespo que vive en Salta y que nos
deja escuchar su admirable partitura "Ara Pana",
que es recibida con marcado entusiasmo, y la "Vidala
del nombrador", de Eduardo Falú y Jaime
Dávalos, en una versión de gran riqueza
y cargada de sutiles ideas musicales debidas a la propia
responsable de Ana Beatriz Fernández de Briones,
que tan segura de su grupo los dejó solos para
cantar y para ofrecer una coreografía con las
antorchas en la oscuridad, que nos dibuja la forma de
ser del hombre de Salta, su nobleza, el culto a la amistad
en torno del fogón, la sencillez y candor, el
profundo amor a su tierra y esas agallas y arrojo que
desconoce los peligros.
Entonces, ahora nos invade la tristeza,
porque el Coro Ars Nova de Salta debería haber
sido apreciado por multitudes. Pero ya no: somos testigos
de una reacción tan intensa y exultante que todo
se transforma en una fiesta.
Juan Carlos Montero
Link corto: http://www.lanacion.com.ar/757531
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Crítica publicada en "Mundo
Clásico" el 9 de Diciembre de 2005
Argentina
El "Ars Nova" también
despide la temporada
Salta, 30.11.2005. Iglesia de San Alfonso. Concierto
del Coro de Niños y Jóvenes Ars Nova de
Salta. Directora Prof. Ana Beatriz Fernández
de Briones. Obras de Bortiansky, Podolsky, Adams, Kuligym,
Tormis, Vargas Vera, Mëllnas, Guastavino y otros.
José Mario Carrer
Con la sencilla sonrisa de quien se siente que ha cumplido
su labor, aún desde la exigencia que se le puede
pedir a uno de los mejores coros de niños y jóvenes,
si no el mejor, de Argentina, reconocido además
en el campo internacional, directora y coreutas recibieron
la merecida y prolongada ovación del público
que colmó las instalaciones de la Iglesia de
San Alfonso.
Es que el grupo cerraba con este magnífico
concierto un año pleno de realizaciones, de sueños
cumplidos, de proyectos terminados. Treinta y seis presentaciones
-cantidad absolutamente infrecuente para un conjunto
de esta categoría- en lugares tales como Salta
y Buenos Aires (Argentina), Tarija (Bolivia) y Terranova
(Canadá), recibir las loas de la crítica
especializada como sucedió en los conciertos
dados en la Basílica de Nuestra Señora
de la Merced o en la Universidad de Buenos Aires, ser
grabados en concierto emitido luego en el Festival Internacional
Sharing Voices 500, compartir escenario con el Newfoundland
Symphony Youth Choir , estrenar mundialmente la bella
versión coral de La Ciudad de Brujas de Maria
Elena Walsh escrita especialmente para la agrupación
por el compositor René Vargas Vera que no pudo
estar presente por la absurda huelga de aviones de la
monopólica línea de bandera que tiene
nuestro país, son algunos de los motivos de inmensa
satisfacción que el coro merece.
Su directora, ganadora de un espacio
importante en el ámbito de la música coral
en el mundo por su capacidad y prestigio, también
exhibe con legítimo orgullo sus personales actividades
durante 2005. Fue jurado internacional en las Competencias
Corales "Harmonie" en Limburg y en el Certámen
de Coros de Cámara en Marktoberdorf, ambas en
Alemania; dictó conferencias en el Simposio para
Especialistas de la Voz en la Universidad de St. John
de Canadá; talleres para directores, cantantes
de Coros Mixtos de Cámara y público en
general en la Academia Bávara de Música.
En este concierto, donde emotivamente se despedían
Mariela Borigen, Pilar Rodríguez, Claudia Carrizo,
Juan Sonderegger y Luz Niewolski, el Coro de Niños
y Jóvenes Ars Nova volvía a exhibir su
talento, su cohesión, su afinación inmaculada,
su riquísimo manejo de infinitas intensidades
sonoras, su irreprochable dicción en los corales
de autores extranjeros como fueron los rusos, los estonianos,
los canadienses, etc., la enorme gama de efectos que
pedían las partituras, muchas de ellas escritas
especialmente para el coro, unos finales de frase casi
sobre naturales, la calidad del sonido y la notable
conducción de la Prof. de Briones que, por otra
parte, explicaba previamente con sabiduría el
espíritu y los contenidos de cada canción,
fueron los pilares de otra actuación de altísimo
rango. No es fácil elegir cuales fueron los momentos
donde la magia, la sensibilidad, el arte aparecieron
con todo su esplendor. Tal vez el coral Micma'q de la
canadiense Lydia Adams escrito como homenaje a la creación
del universo, con sus impresionantes momentos a cinco
voces o el espectacular coral Kadrilaulud del estoniano
Veljo Tormis, hayan sido la cúlmine de un repertorio
de gran valor.
El año próximo, anticipa
también un lapso de relevantes actuaciones entre
las que se destacan los conciertos que ofrecerán
en Japón y por supuesto en nuestro país,
para que los salteños experimentemos el orgullo
de contar entre nosotros con este grupo que enaltece
con nobleza la música coral universal.
09.12.2005
http://www.mundoclasico.com/critica/vercritica.aspx?id=a658f5ee-1c03-4297-90d4-b45d67b08ec1
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DICIEMBRE 2005
Artículo escrito por el compositor,
periodista y crítico de música René
Vargas Vera
EL DÚO SALTEÑO, EL CORO ARS NOVA
Y SALTA
No es casual que Chacho Echenique y Patricio Jiménez
hayan nacido en Salta. No es fortuito que el Coro de
Niños y Jóvenes Ars Nova, dirigido por
Betty Fernández de Briones haya germinado en
Salta. Salta estaba predestinada –si se quiere,
desde los tiempos de la Conquista- a constituirse en
modelo nacional del más rico cancionero de nuestro
folklore en el siglo XX. Y a gratificarnos con las voces
de un coro de chicas y chicos, y su eminente directora,
único en el país
Afirmarlo de modo tan concluyente, no implica restar
méritos a Santiago del Estero, ni a sus patriarcas
músicos e investigadores, como don Manuel Gómez
Carrillo, que hacia los años 20 del pasado siglo,
rescató, silenciosamente, unos 400 cantos incaico-calchaquíes
en sus investigaciones para la Universidad Nacional
de Tucumán; ni al recopilador, don Andrés
Chazarreta, de otro cancionero que pudo extinguirse
con el paso del tiempo, y cuyo epicentro era Santiago
del Estero; ni al investigador catamarqueño don
Juan Alfonso Carrizo, quien en los años 20, 30
y 40 publicó en sendos libros, las coplas anónimas
de Catamarca, Salta, Jujuy y La Rioja; ni ese otro instrumento
de la memoria colectiva que fue el mendocino don Alberto
Rodríguez con su obra, el Cancionero Cuyano,
publicada por primera vez en 1938, sin olvidar a Carlos
Vega, Isabel Aretz, Leda Valladares, Augusto Cortazar
y tantos otros buceadores de nuestros tesoros telúricos.
Ni incluso el enorme legado de Atahualpa Yupanqui, desde
aquella canción “Camino del indio”,
dada a conocer en 1934, quien retrató en músicas
y en poesía, las vivencias y paisajes del Noroeste
y de la pampa. Fue Salta donde se hizo más palpable
la transculturación española que nos llegaba
desde el Perú. La tradición hispana del
romancero, pese a la siempre denostada Conquista y Colonización
(que por cierto arrasó a sangre y fuego a toda
una raza y a la inmensa cultura aborigen) supo fructificar
en la música folklórica. Aquellas tradiciones
españolas asimiladas y enriquecidas aquí,
nos dejaron un riquísimo patrimonio cultural
–musical y poético en coplas y romances-
que se ha mantenido vivo y que fue creciendo en potencia
creadora y en belleza durante casi cinco centurias en
toda nuestra América latina. La hermosa Salta
pareció predestinada a ser el venero inagotable
de donde habría de surgir
un asombroso manantial de canciones. Y así se
justifica que el salteño pueda seguir pronunciando
con orgullo el proverbio “Soy de Salta y hago
falta”.
Como sostiene León Benarós, en Salta la
poesía sale al encuentro del hombre, porque toda
esa eclosión de canciones que se irradiaron hacia
todo el país desde los años cincuenta,
ya estaba latente antes de los años cuarenta
en la inspiración de sus compositores y en la
fértil inventiva de sus poetas que asomaban subrepticiamente
entre las seis cuerdas de la guitarra milenaria que
nos llegó de España, a la que, todavía,
se miraba recelosamente como instrumento de la mera
diversión de sectores marginado.
Una de ellas, la enjundiosa de don Eduardo Falú
empezaba a sonar en 1945, primero en Salta, luego en
Buenos Aires, y en seguida en capitales del Noroeste
Argentino. Pero ya en 1942 Eduardo Falú y César
Perdiguero habían estado gestando un nuevo cancionero
telúrico. Gestación silenciosa que nos
conduciría a los años 50, en los que ya
estaba instalado en el inconsciente colectivo como un
paradigma insustituible. Eran aquellos dedos magistrales
y esa inconfundible voz de barítono-bajo que
daban a conocer aquellas primeras composiciones junto
a los versos de Perdiguero: “Tabacalera”,
“India madre”, “Canción de
luna y cosecha”. Y luego el otro, más alto
aún en vuelo poético-musical junto a la
pluma excelsa de Jaime Dávalos, el poeta de aquella
primera “Zamba de la Candelaria” que recorrió
el país entero. Eduardo Falú se prodigaba
en mojones del folklore argentino, en creaciones paradigmáticas
junto al Jaime de “El sueño de mi guitarra”,
“La nostalgiosa”, “Las golondrinas”,
“Resolana”, “Rosa de los vientos”,
“Tonada del viejo amor”, “Trago de
sombra”, “Vidala del nombrador”…Pero
todavía había un peldaño más
que trepar, y fue con el inefable Manuel J. Castilla,
con quien enriqueció la ya alta poesía
de Jaime. Nuevo cancionero emblemático, como
el de “La atardecida”, “La volvedora”,
“No te puedo olvidar”…
Sonidos y palabras andaban flotando en el aire de Salta
en aquellos años 40. Las metáforas de
Jaime, hijo del culto poeta Juan Carlos Dávalos,
descendían al pueblo, enriqueciendo –a
través de audacias que honraban la lengua española
y que retrataban con gestos de redención humana
a los personajes lugareños y al paisaje del Noroeste-
un folklore con poesías que se habían
instalado por esos mismos años en que todavía
se cultivaban versos de mero pintoresquismo. Manuel
J. Castilla prolongaba, alimentada por las propias vivencias
de vate andariego, esa veta del retrato humano y de
la naturaleza que ascendía hasta lo cósmico.
José Ríos nos legaba, como poeta de las
coplas de carnaval, su popularizada “La Felipe
Varela”. Unos estudiantes debutaban en la Sociedad
Rural en aquella primavera del 47. Serían las
del futuro cuarteto vocal-instrumental de Los Chalchaleros
que al año siguiente ya pisaban el primer escenario,
el del Teatro Alberdi de Salta, con el eterno gordo
Saravia a la cabeza, y sus compañeros Aldo Saravia,
Víctor Zambrano y Franco Sosa. Ellos estaban
anunciando días de gloria para el folklore, desde
la zamba anónima, recopilada por el Cuchi Leguizamón,
“Lloraré”, que cantaría todo
el país, compitiendo con la “Zamba del
grillo”. “El cocherito”, “La
López Pereyra” (himno de los salteños)
o la recopilada (por Chazarreta) “Zamba de Vargas”.
Estos cuatro Chalchaleros (zorzaleros) que fueron cambiando
de integrantes (fueron diez, en total, en aquellos primeros
años), supieron acoger, como uno de los hitos
de su trayectoria, al creador de las famosas zambas
“La nochera”, “Del Chalchalero”
y “Alma de nogal” y otras: el cantor y guitarrista
Ernesto Cabeza en 1953, para dotar de riqueza musical
al cuarteto sobre todo en armonías para las guitarras.
(Cabeza se despidió muy pronto de la vida: un
21 de septiembre de 1980, y dejó en el grupo
un vacío difícil de llenar). Los “Chalcha”,
como se los nombró en cada rincón provinciano,
trajeron un estilo sencillo y sentido, cantando a dos
voces y con guitarras bien ensambladas a sus gargantas.
Eran naturales –incluso elementales- pero auténticos
en su forma de sentir las cosas de la tierra. Y con
ello expresaban un folklore canónico, clásico,
único en su estilo tanto en esas segundas que
a veces parecían extraviadas y que otorgaban
el sello inconfundible, mientras la voz del líder,
Juan Carlos Saravia, dotaba de garra al canto agreste,
y a través de consignas que fueron su marca en
el orillo: “prímera”, “adeeentro”,
“¡bueno!”, “ségunda”…
eso sí: con total respeto por la cadencia de
los ritmos (en especial el lento de la zamba), con emoción
sincera, con matices, es decir: entre el “canto
pelado” y las delicadezas en los fraseos, incluso
dando rienda suelta, con gracias, a la alegría
de los ritmos movidos.
Los años 60 fueron los del boom folklórico
en toda la Argentina. En cada pueblito se escuchaba
con fruición a nuestros solistas y grupos. En
miles de hogares la guitarra se había convertido
en un habitante necesario, imprescindible.
Pero aquella Salta luminosa de inventores geniales,
nos tenía reservada una nueva sorpresa, que se
cocinaba a fuego lento y que desataría un cambio
remozador y vital en la manera de asumir y expresar
el folklore nacido en nuestro Noroeste.
Avanzaban los 60 y Gustavo “Cuchi” Leguizamón,
abogado, profesor de historia, legislador, pianista,
compositor y poeta salteño, pergeñaba
nuevas melodías y armonías en el piano
de su casa. Apenas si se lo conocía de mentas
por esa recopilación que hizo de la zamba tradicional
“Lloraré”, que popularizaban Los
Chalchaleros. Pero el Cuchi estaba medio escondido entre
tanto éxito, un tanto ajeno a él, que
estaba inmerso en la nueva estética que le había
llegado a través de los compositores clásicos
contemporáneos como Bartok, Stravinsky o Schoenberg.
Músicos de la vanguardia mundial que le habían
dictado melodías y armonías no convencionales
en plenos años cuarenta. Más que al músico,
en Salta se le conocía por sus cuentos, sus humoradas,
sus gestos humanos, sus carcajadas mefistofélicas
y su activa vida profesional de abogado y, sobre todo,
de profesor en el colegio secundario. Sin embargo El
Cuchi ya tenía registradas en el año 1955,
en la insigne Editorial Lagos, temas medulares de la
vanguardia, como Zamba de Anta (con letra de Perdiguero
y Castilla), Zamba de los mineros y Panza Verde, con
versos de Jaime Dávalos; Zamba del Pañuelo,
con Castilla.
Leguizamón intuía, seguramente, que le
estaba llegando la hora. Y le llegó, doce años
después de escribir estas partituras para aquella
prestigiosa Editorial que había fundado don Rómulo
Lagos, cuando en una comida en casa del panadero Juan
Riera escuchó no sin sorpresa a dos muchachos
que, al cantar en dúo se habían lanzado
con ganas de salirse de los moldes consagrados. Ellos
eran el contratenor Chacho Echenique y el barítono
Patricio Jiménez. El Cuchi se interesó
por saber quién había armonizado sus temas.
Y al enterarse que habían sido ellos mismos,
le fue revelado que esas voces eran las que andaba buscando
para dar a luz y colocar su sello indeleble en el folklore
argentino. Así fue que los convocó a su
casa y, piano o guitarra mediante, les fue dictando
las notas de sus melodías y de las respectivas
armonías innovadoras.
A Chacho Echenique no le resultaría tan difícil
alzarse con ese melodismo insólito, lleno de
curvas y saltos inéditos que había inventado
la fantasía del genial músico. Pero el
mayor desafío, el reto magistral, era para la
garganta de Patricio Jiménez, porque en su segunda
voz el Cuchi estaba volcando notas que partían
de esas armonías que él emulaba de la
vanguardia mundial clásica. Muchos creyeron que
provenían del jazz, y hasta dijeron que Leguizamón
hacía un folklore jazzístico, sin saber
que, más allá del jazz, estaban esos compositores
que citamos antes, y que habían revolucionado
el arte musical en el siglo XX, el politonalismo de
Stravinsky, pero sobre todo el atonalismo del austríaco
Arnold Schoenberg, que sencillamente escapaba de los
rigores académicos de la tonalidad. Cuando Leguizamón
se sentaba al piano, se regodeaba con tales giros desconcertantes
entretejidos en atrevidas armonías. Y con ellas
venía a remozar el folklore clásico, el
más diáfano y sencillo, que era el que
se cultivaba y divulgaba.
A Cuchi lo acosaban esos desafíos, al tiempo
que entretejía versos igualmente sorprendentes,
como los de la Serenata del 900, las zambas del Carnaval,
del Guitarrero, y Soltera, El Avenido y la contestataria
Chacarera del Expediente.
A Patricio Jiménez le fueron confiados, entonces,
esos intervalos inesperados, provocativos, insólitos
por sus disonancias. Notas que escapaban de aquellas
llamadas “terceras” o “sextas”
que se habían practicado y cultivado hasta ese
momento en el folklore, tanto en los dúos, como
en los cuartetos de canto y guitarra, para lanzarse
al ruedo con otros intervalos de segundas menores o
séptimas, cuartas o quintas disminuidas…en
fin: toda la gama imaginable de distancias entre las
notas de la melodía que cantaba Chacho Echenique,
cuya voz aterciopelada remontaba hacia las notas agudas
con fraseos deliciosos y afinación impecable.
Desde lo musical, los dos cantores rendían culto
al refinamiento y a la exquisitez, pero sin pose elitista.
Para el oído común, habituado a las sencillas
armonías, el Dúo Salteño fue una
sorpresa total. Ellos escapaban, guiados por el Cuchi,
de lo establecido, de lo consabido, de lo consagrado,
de lo aceptado. Ellos, con el Cuchi, estaban dotando
al folklore de una nueva concepción armónica
acorde con los tiempos de la vanguardia que había
comenzado al despuntar el siglo XX. Pero lo hacían,
no desde una torre de marfil, sino totalmente imbuidos
del amor por la tierra. Con una temática musical
y poética de enorme contenido telúrico,
donde quedaban reflejados otra vez el hombre nuestro
de a pie, el cotidiano, la gente humilde, con sus valores
ancestrales, sus costumbres, sus ritos, su estilo de
vida, sus sentimientos más profundos, sus valoraciones
más humanas, rodeado siempre por la naturaleza,
por su paisaje de árboles, pájaros, montes
y ríos.
El Cuchi Leguizamón y el Dúo Salteño
empujaban hacia el futuro ese destino privilegiado de
la Salta creadora. Tomaban las esencias desde lo profundo
de la tierra y las echaban a volar con alas de eternidad.
Era una conjugación perfecta de autenticidad
y vanguardia dentro del folklore de tierra adentro.
Dos confines que parecían difíciles de
congeniar, de integrar en una unidad. Y ese fue el milagro
de un portento musical como fue Cuchi Leguizamón,
y de su correlato en las voces irrepetibles de Chacho
Echenique y Patricio Jiménez.
Lo más admirable –y reconfortante para
quienes aman la belleza y la originalidad en el arte-
fue que el Dúo Salteño fue acogido con
total entusiasmo por los amantes del folklore. Incluso
por quienes estaban detenidos en el tradicionalismo.
El asombro se unía a la admiración cuando
resonaban, lentas y cadenciosas, las zambas “Balderrama”
y “La pomeña”; cuando restallaba
el ritmo de la cueca “La arenosa” y el “Carnavalito
del duende”. Leguizamón nos dejaba nuevas
canciones emblemáticas: las zambas de Juan Panadero,
Cantora de Yala, Si llega a ser tucumana, Zamba Soltera,
Zamba para Viuda, o la chacarera Juan del Monte que
en su mensaje se parece a la otra, Del Expediente. Y
también aportaba riquezas inimaginables para
temas que no había gestado su pródiga
inventiva, como el clásico salteño de
“La López Pereyra”, o la zamba de
Yupanqui: “Viene clareando”.
Pero Salta ostenta también otras realizaciones
fuera de serie. Y lo es ese grupo de niños y
jóvenes coreutas del Ars Nova, que dirige magistralmente
Betty Fernández de Briones, único en el
país.
El Ars Nova surgió en Salta en aquel año
1988 gracias al empuje y al talento de Betty de Briones.
Lo fundó quizá con el único objetivo
de crear belleza con las voces de aquellos primeros
chicos. Pudo haberse conformado con ello, y enriquecer
así, con esa sola idea, el canto coral en el
país. Pero Betty de Briones intuyó una
meta aún más alta, mientras apuntaba obstinadamente
a la excelencia. Fue la vinculación con eminentes
directores de coro y compositores europeos, interesados
en escribir música especialmente para esta formación
de niños cantores, la que la impulsó a
trepar nuevas cimas del canto. Las complejas, exigentes,
desafiantes partituras de la música contemporánea,
de la vanguardia se constituyeron en su reto desde fines
de los años 90. De allí que el Ars Nova
pudo demostrar fehacientemente en Buenos Aires, tanto
en sus conciertos de fines de noviembre de 2005, tanto
en la Facultad de Derecho como en la Iglesia colmada
de La Merced, el prestigio de que goza en el Viejo Mundo.
Allí las cristalinas voces de los niños
cantores salteños hicieron maravillas con obras
dificilísimas de compositores de los más
diversos países. Betty de Briones nos deslumbró
con la sabiduría con que guía las voces
de estos niños para alcanzar los prodigios de
afinación, fraseos, matices, cohesión
sonora, ductilidad, exquisitez, garra y emoción.
Sorprendió y emocionó, que son las metas
del arte más excelso. Incluso pudo desconcertar
al oído del oyente más atento y entrenado,
con tales partituras escritas por creadores de Rusia,
Estonia, Australia, Finlandia, Canadá, Inglaterra,
Japón o España, por las tremendas exigencias
melódicas, armónicas y rítmicas,
que plantean intrincadas articulaciones, capaces de
estremecer por su dramatismo o su patetismo, y que estos
niños -cuya edad promedio es de 14 años-
desgranan con alucinante naturalidad, pese a que no
todos leen música de corrido.
Pero hay algo más, para destacar en la mística
del Ars Nova y su directora. Su pertenencia a la tierra.
Porque junto a la vanguardia mundial, que los distingue
de otros coros de esta formación, el Ars Nova
cultiva también el mejor folklore y la mejor
música ciudadana, en certeros arreglos. Obras
emblemáticas de la proyección folklórica,
pergeñada por genios como el Cuchi Leguizamón
y Eduardo Falú, se unen a ese maravilloso folklore
imaginario gestado por Carlos Guastavino y Alberto Ginastera.
Y, todavía, obras enjundiosas de compositores
argentinos de la vanguardia como Eduardo Alonso Crespo.
Como si todo esto fuese poco, Betty de Briones y su
Ars Nova, vienen maravillando al público de Buenos
Aires con sus bellísimas puestas coreográficas
y lumínicas, con el único objeto de profundizar
e intensificar los mensajes estéticos y los climas
que sugieren las canciones. Por eso cada concierto del
Ars Nova es un destello de magia que queda impreso en
el alma y el corazón de cada oyente. Porque transmiten
refinamiento, autenticidad y emoción.
Hoy Salta se apresta a un nuevo resurgimiento: a la
resurrección del admirable Dúo Salteño,
tras su primera actuación con gloria en el Teatro
Catamarca de aquella capital el 29 de octubre último.
Acaban de presentarse con éxito en Córdoba
(donde se radicó Patricio), y el tercer regreso
a los escenarios será a mediados de este mes
diciembre en su querida Salta. En cada lugar van incorporando
ese tesoro escondido: los temas inéditos, propios
y ajenas que les dejó con sus armonías
y ocurrencias el Cuchi Leguizamón, y que el país
entero espera ansiosamente escuchar.
Chacho Echenique y Patricio Jiménez siguen ensayando
febrilmente ese nuevo repertorio armonizado por el genio
de Leguizamón, con vistas a un disco prometido
para los primeros meses de 2006. Que el resurgimiento
de este fantástico, maravilloso Dúo sea
otra vez con el sello, la impronta inimitable del Cuchi
es otro milagro de esta Argentina que quiere renacer
en música y en poesía de alto vuelo.
El Coro de Niños y Jóvenes Ars Nova acaba
de despedir, el último día de noviembre,
su temporada anual de conciertos, diciendo adiós
–no sin el dolor de la despedida- a los coreutas
que se van. Y Betty de Briones se prepara para reanudar,
otra vez, la búsqueda de nuevas voces para remontar
nuevos vuelos hacia la excelencia musical.
Salta nos seguirá sorprendiendo con el Dúo
Salteño y el Ars Nova. Esa es su portentosa predestinación.
Su destino de hacernos falta...

René Vargas Vera -
Compositor, y crítico de música de Diario
“La Nación”
Diciembre de 2005
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“Coro de Niños y
Jóvenes Ars Nova”
Directora, Profesora Ana Beatriz Fernández
de Briones
Lanzamiento en el Teatro Colón
de Buenos Aires del CD “Pachamama”:
Dicho lanzamiento se realizó en el concierto
ofrecido por el Coro de Niños y Jóvenes
Ars Nova en la sala principal del Teatro Colón,
el pasado 17 de Mayo del 2004, invitados por las autoridades
de dicho Teatro.
La sala colmada de personalidades vinculadas con el
quehacer musical y coral argentino, coreutas, y público
en general que asistió a este notable concierto,
fue el marco imponente para esta nueva presentación
del Ars Nova en el prestigioso Teatro Colón.
Datos del CD “Pachamama” o “Madre
Tierra”:
Una parte del repertorio de este CD, esta comprendido
por obras típicas de diferentes países
del mundo, cantadas en sus idiomas originales. Así
mismo, varias de las obras han sido arregladas o compuestas
para el Coro de Niños y Jóvenes Ars Nova,
y/o han sido trabajadas en forma conjunta entre coro
– directora - compositor o arreglador.
Pero el común denominador de este nuevo disco,
es transitar por la propuesta contemporánea,
y encontrar en ella los diferentes caminos de expresión
de nuestros días.
Expresión de reflexiones tan profundas como el
sentido de trascendencia del hombre (Ikikaiku, Pachamama).
Expresión del amor (Zamba del Laurel, Akai hana).
Del miedo (Aglepta). La Valentía (Amets beltz).
La amistad entre pueblos (Canten Señores Cantores,
Laulusild). De amor y alabanza a Dios (Siyahamba, Kyrie).
De la permanencia de los pueblos a lo largo de la historia
(Doña Ubensa, Riawanna). De esperanza (Voices
and Smiles, Zai Itxoiten). De las tradiciones (Cancioncilla
Sevillana); y hasta de la imaginación del absurdo
(Bay Dooka).
El resultado es un abanico de propuestas sonoras, que
sorprende por la variedad de posibilidades de expresión
en la exploración de la voz humana.
Esta es también una de las cualidades más
reconocidas del trabajo del Coro de Niños y Jóvenes
Ars Nova: la extraordinaria ductilidad y técnica
vocal, que les permite abordar cualquier tipo de repertorio,
sin perder de vista la atmósfera especial de
cada obra.
“Pachamama” es una palabra Quechua que significa
Madre Tierra. El nombre de este CD: “Pachamama”,
hace alusión a la diversidad de culturas existentes
en nuestro planeta, y a la constante necesidad del hombre
de expresar a través de la música las
emociones más genuinas.
Este Disco Compacto contiene composiciones corales originales,
y arreglos corales de los 5 Continentes.
Lugares de grabación: Sala de
ensayos del Coro de Niños y Jóvenes Ars
Nova y Hotel Presidente de Salta
Edición digital y masterización:
Maestro Carlos López Puccio
Diseño de tapa: Martín
Javier Briones
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SABADO 28 de Septiembre de 2002 - LA NACION LINE.
Voces celestiales
llegan de Salta
http://www.lanacion.com.ar/02/09/28/ds_435483.asp

Concierto del Coro de Niños y Jóvenes
Ars Nova, de Salta , dirigido por Ana Beatriz Fernández
de Briones. Repertorio: obras de Sallinen, Podolsky,
Busto, Kodaly, Slavkin, Tormis, Kortekangas, Telfer,
Mellmas, Leek y Falú-Dávalos. Programa
Colón x 2 pesos.
Nuestra opinión: excelente (*****)
Desde que las sutiles voces juveniles
se expanden por la sala, durante su ingreso procesional
desde el fondo hacia el escenario, ya se ha instalado
la magia. Bastan el unísono y las solas dos voces
en una de las cuatro "Canciones de mar", un
canto litúrgico del finlandés Aulis Sallinen,
para que la seducción del canto impregne los
espíritus y los corazones.
Parecidas atmósferas se expanden
cuando las adolescentes entonan, con exquisitos e impecables
pianísimos, "Cheruviko", del ruso Podolsky,
expresión del ritual ortodoxo. La transparencia
de las tonalidades tradicionales se truecan en nuevos
caminos armónicos y en delicado juego polifónico
para expresar el refinamiento poético musical
y el lirismo con los que el vasco Javi Busto describe
"la dulce espera" de toda mujer. Zoltan Kodaly
(más conocido) llegará con su "Canción
del atardecer", en la que el melodismo se asienta
en notas-pedal y se torna en cántico hímnico.
Otra vez los pianísimos rubrican los significados
de lo recóndito.Entre las delicias se cuela el
primer tema, "Snieg" (canción del niño
que ve caer la nieve), de Slavkin, en el que los coreutas
trazan sugestivas coreografías, mientras su directora
extrae del piano cautivantes notas.
Ningún alarde tienta al Ars
Nova de Salta, que con sus desafíos viene cosechando
varios premios internacionales. Tampoco ha convocado
Beatriz de Briones -que dirige con inusual mesura- a
vanguardismos y complejidades como lenguaje predilecto.
El coro ha conquistado el perfil contemporáneo
con pequeños prodigios, diminutas células
y un maravilloso ensamble de estilo intransferible.
Esto se percibe claramente en el tema "Laullusild",
del compositor de Estonia Veljo Tormis (frecuentado
por coros argentinos). El juego vocal crea una sorprendente
polifonía con soplos de celebración.
Sorpresas
Las sorpresas se suceden en "Eco
eterno" del finlandés Olli Kortekangas,
en los que el desplazamiento de las coreutas expresan
la necesidad perentoria de comunicación. El compositor
-que asistió sorprendido a la premier mundial
en Rotterdam, en 1999- pudo constatar hasta qué
punto el coro de Beatriz Briones pudo intuir los caminos
de una obra abierta, que invita a la imaginación,
que estalla en vociferaciones para luego recalar en
un himno, tomados de la mano.
Otro de los prodigios pergeñados
por este soberbio ensamble es la lúdica "Bay
Dooka", de la canadiense Nancy Telfer, con sus
racimos de sonidos que estremecen por sus palpitaciones.
Es aquí donde es dable apreciar la sólida
formación y el estupendo profesionalismo de estas
jóvenes. El deslumbramiento no se agota. "Aglepta",
del sueco Arne Mellnas, plantea una exigencia suprema
para el coro más exigente. No sólo por
sus intervalos dificilísimos y su compleja armonía,
con su sensación de misterio, sino porque, en
plena oscuridad, los coreutas con las linternas que
iluminan sus rostros (trocando los colores de la luz
en un alarde cuasi cinétic |